Varios días sin ninguna entrada nueva. Un caso grave de enfermedad de un familiar muy querido y cercano me ha tenido algo desconectado estos últimos días. Mis amigos mas cercanos y lectores del blog saben de que hablo, y hasta en Almeria me perdonan que no escriba con la asiduidad con la que venía haciéndolo.
Además una avería de teléfono me tuvo sin acceso a Internet durante un par de días, pero por fin Telefónica la reparó en cuanto les avisé.
Pero cuando vuelvo a conectarme, me encuentro con la sorpresa mayúscula de que mi blog, desde hace unos días, se ha vuelto internacional. Un comentarista en inglés que me escribe, y al que por lo visto le interesan mis historias. Y la pregunta es: ¿Como habrá traducido la palabra "percebe"? ¿Sabrá de que hablamos? ¿Los habrá probado alguna vez? ¿Sin cascara o con ella tal y como estuve a punto de hacerlo yo? Estos extranjeros cada día me sorprenden mas. Pero el problema radica en que me invita a entrar en el suyo (http://www.provedorcrescenet.com/) y yo sigo sin tener idea del idioma. Vamos, que el ingles no lo domino ni siendo pequeño, con media hostia y dejándose. Veremos como lo hago.
De todas formas, me siento mucho mas responsabilizado ahora, cada vez que escribo, sabiendo que puedo provocar un conflicto internacional. Y mas tras hacer algunos comentarios relacionados con algún extranjero encontrado a lo largo de la ruta, (con alguno mas que encuentro, encontronazo... véase la francesa de Pamplona) Se me ve el plumero. La Alianza de Civilizaciones está en serio peligro conmigo. Haré mas cuidado de ahora en adelante.
Continuando con la entrada anterior que, como el personal habrá notado, quedó cortada a medias por un nuevo problema técnico... y van mil... diré que Rafa, cada día, tras un par de horas contándonos chistes, ocurrencias y sketch de Faemino y Cansado, relatados casi al pie de la letra, solía ir poco a poco apagándose y quedándose rezagado debido a un problema en las rodillas. Eso sí, continuaba a su ritmo, un andar menos exigente, pero seguía para adelante. Así lo hizo durante los 790 Kms. y llegó hasta Santiago. Por cierto, que aquel año no escribió diario. Pero este año 2007 en el que ha vuelto a realizar el Camino entero, y ademas saliendo desde Lourdes, ha empezado a relatar por escrito sus vivencias y aventuras, y puedo asegurar que es un relato apasionante y muy bien narrado. Lastima que no se decida a abrir su propio blog. Seguro que tendría éxito (No le comentarían desde el extranjero como a mi... pero alguno lo leería)
Aquel primer tramo de la etapa era un continuo subir. Nada fuerte, bastante suave, pero siempre para arriba. Cuando volvíamos la vista atrás podíamos ver en el horizonte la capital, y los paisajes de lo que ya llevamos recorrido eran espectaculares desde cierta altura.
Paramos a descansar junto a una especie de túmulo realizado con piedras en recuerdo de un peregrino belga allí fallecido unos años antes, y volvimos a detenernos en el simpático pueblo de Zariquiegui, junto a su iglesia románica, donde nos comimos los bocatas del Tremendo.
Solo faltaba un par de kms. para coronar el Alto, y salvo unos 50 metros realmente duros en los que hubimos de ayudarnos con las manos para avanzar, conseguimos llegar hasta los pies de los aero-generadores. Sus enormes aspas cortando el viento hacían un tremendo ruido, un sonido sordo, repetitivo, que pasados ya unos pocos años aun me vienen a la memoria de tanto en tanto. Y practicamente sin enterarnos coronábamos la cima y nos daban la bienvenida las figura metálicas de un grupo de peregrinos medievales que presiden el sitio. Raro es el caminante que se puede resistir a dejar de fotografiarse con las figuras recortadas, e incluso a seguir con la tradición de vestir a alguno de los muñecos con alguna prenda de ropa que se tenga a mano. Un gorro, un pañuelo, una camiseta... cualquier cosa, como manda la tradición y la costumbre cuando se llega a este hito del Camino Francés. Nosotros no fuimos menos, y nos fotografiamos desde todos los ángulos y posiciones.
Descansábamos un rato en el alto cuando aparecieron dos conocidas de Rafa... y también mías, ya que se trataba de las chicas que se fotografiaban junto a la Colegiata de Roncesvalles con un extranjero que se creyó que le iba a robar la cámara. Misi, una australiana o canadiense (nunca quedó claro) que a pesar de tener solo una treintena de años tenia todo el pelo canoso, casi blanco. Y Rafaela, holandesa y mucho mas joven, por la que nuestro Rafa parecía tener algo mas que simple simpatía.
Empezaba a soplar un frío viento y decidimos iniciar la bajada y continuar la etapa. A mi, el Alto del Perdón, incluso hoy, me evoca un grato recuerdo. Se trata solo de la subida de una pequeña montaña, pero tal vez por la falta de dificultad que entrañó después de haberme preparado mentalmente para algo mas duro, tal vez por lo simpático de las figuras y cumplir con una tradición, o tal vez por el contundente bocata del Tremendo que nos había revitalizado, pero el caso es que había disfrutado mucho de aquel tramo, y siempre lo recuerdo como uno de los mas agradables de aquel año.
viernes, 18 de enero de 2008
jueves, 17 de enero de 2008
Camino del Perdón
Por la mañana nos levantamos a una hora razonable, ya de día. Aunque Miguel, el valenciano, rezongaba que no se podía salir tan tarde y que había que hacerlo antes de la salida del sol. Ya en la calle vimos que la lluvia solo había caido durante la noche, y que tendríamos un dia magnifico. ! Bien por mi cuñado Jorge !
Tras unos centenares de metros recorridos por la calles mojadas, y dado que no encontrabamos ningún bar abierto para desayunar, nos desviamos un tanto de la ruta marcada por las flechas, pero encontramos abierta la cafetería de un hotel y allí nos tomamos un caliente café con leche con bollería. Nos tomamos nuestro tiempo... Miguel daba pataletas en la calle por que saliamos con retraso. Cuando lo hicimos confiamos en el sentido de orientacion de Javier, pero nos fue mal, ya que estuvimos callejeando sin rumbo hasta que finalmente dimos de nuevo con la ruta marcada.
La salida de Pamplona, fue larga y tediosa, con recorrido por unas largas e inacabables avenidas y donde el frío se hacía notar. Aproveché para comprar tabaco y un decimo de loteria de Navidad, de nuevo esperando que el Apóstol se enrollara. Al acabarse aquellas avenidas, un nuevo desvio nos llevó hasta la Universidad de Navarra, para sellar nuestras credenciales, cosa que nos hizo un bedel de la Facultad, que mas parecía un ministro, por el traje y el porte con que se movía. En un jardín interior de aquel edificio, la estatua de Jose Maria Escriva de Balaguer, presidía el lugar, para que todo el que pasara recordara que aquella universidad era del Opus Dei.
Al salir y tratar de encontrar la ruta volvimos a perdernos. Javier, que de orientación andaba cortito, fue a preguntar a un repartidor de Coca Cola el camino a seguir, y cuando el repartidor se volvió para contestarle, nos dimos cuenta que se trataba del joven que la tarde antes nos había sacado las fotos en el Café Iruña. El chico, muy amable, nos indicó como salir de allí, tambíén sorprendido por la casualidad. Volvimos a encontrar nuestras queridas flechas amarillas y pudimos continuar.
Si a la entrada de Pamplona cruzamos el puente sobre el rio Arga, a la salida tuvimos otro tanto, solo que esta vez, sobre el rio Sadar. Solo algunas fabricas y algún poligono de pisos por este lado de la ciudad, y enseguida una carretera secundaria que nos llevó, en casi una hora, hasta Cizur Menor. Javier y Miguel, que ya habían realizado el Camino, nos aconsejaron avituallarnos ya que no habría mas pueblos hasta bastante despues de la bajada del Alto del Perdón. Con lo que fuimos a parar al Bar El Tremendo. El nombre nos movía a la curiosidad, toda vez que el mesonero era delgado,un tipo normal, el bar tan bien normal nada tremendo. El caso es que nos enteramos de donde le venía el nombre a la hora de pagar. A pesar que los bocadillos que nos había servido eran cumplidos, de tortilla a la francesa con chorizo y pimientos, lo que nos cobró fue una autentica barbaridad. Y como no podíamos protestar pues el cartel, ahí estaba y el que avisa no es traidor, salimos de Cizur como si nos hubieran atracado.
Nada mas dejar atras las ultimas casas, tuvimos a la vista el Alto del Perdón. Faltaban 10 Kms. pero la enorme montaña, toda ella coronada de aerogenerador, se levantaba ante nuestra vista. Enseguida supe que nos ibamos a ganar el perdón por todos nuestros pecados de las ultimas semanas, mediante las cuestas que tendríamos que subir. Con lo que nos lo tomamos con calma y fuimos andando y charlando entre nosotros.
Rafa no tardó en sorprendernos. El muchacho era un chistoso de campeonato. Y nos fue amenizando la marcha con infinidad de chistes. Fue la tonica de casi todos los días. Un par de horas con sus chistes y luego
Tras unos centenares de metros recorridos por la calles mojadas, y dado que no encontrabamos ningún bar abierto para desayunar, nos desviamos un tanto de la ruta marcada por las flechas, pero encontramos abierta la cafetería de un hotel y allí nos tomamos un caliente café con leche con bollería. Nos tomamos nuestro tiempo... Miguel daba pataletas en la calle por que saliamos con retraso. Cuando lo hicimos confiamos en el sentido de orientacion de Javier, pero nos fue mal, ya que estuvimos callejeando sin rumbo hasta que finalmente dimos de nuevo con la ruta marcada.
La salida de Pamplona, fue larga y tediosa, con recorrido por unas largas e inacabables avenidas y donde el frío se hacía notar. Aproveché para comprar tabaco y un decimo de loteria de Navidad, de nuevo esperando que el Apóstol se enrollara. Al acabarse aquellas avenidas, un nuevo desvio nos llevó hasta la Universidad de Navarra, para sellar nuestras credenciales, cosa que nos hizo un bedel de la Facultad, que mas parecía un ministro, por el traje y el porte con que se movía. En un jardín interior de aquel edificio, la estatua de Jose Maria Escriva de Balaguer, presidía el lugar, para que todo el que pasara recordara que aquella universidad era del Opus Dei.
Al salir y tratar de encontrar la ruta volvimos a perdernos. Javier, que de orientación andaba cortito, fue a preguntar a un repartidor de Coca Cola el camino a seguir, y cuando el repartidor se volvió para contestarle, nos dimos cuenta que se trataba del joven que la tarde antes nos había sacado las fotos en el Café Iruña. El chico, muy amable, nos indicó como salir de allí, tambíén sorprendido por la casualidad. Volvimos a encontrar nuestras queridas flechas amarillas y pudimos continuar.
Si a la entrada de Pamplona cruzamos el puente sobre el rio Arga, a la salida tuvimos otro tanto, solo que esta vez, sobre el rio Sadar. Solo algunas fabricas y algún poligono de pisos por este lado de la ciudad, y enseguida una carretera secundaria que nos llevó, en casi una hora, hasta Cizur Menor. Javier y Miguel, que ya habían realizado el Camino, nos aconsejaron avituallarnos ya que no habría mas pueblos hasta bastante despues de la bajada del Alto del Perdón. Con lo que fuimos a parar al Bar El Tremendo. El nombre nos movía a la curiosidad, toda vez que el mesonero era delgado,un tipo normal, el bar tan bien normal nada tremendo. El caso es que nos enteramos de donde le venía el nombre a la hora de pagar. A pesar que los bocadillos que nos había servido eran cumplidos, de tortilla a la francesa con chorizo y pimientos, lo que nos cobró fue una autentica barbaridad. Y como no podíamos protestar pues el cartel, ahí estaba y el que avisa no es traidor, salimos de Cizur como si nos hubieran atracado.
Nada mas dejar atras las ultimas casas, tuvimos a la vista el Alto del Perdón. Faltaban 10 Kms. pero la enorme montaña, toda ella coronada de aerogenerador, se levantaba ante nuestra vista. Enseguida supe que nos ibamos a ganar el perdón por todos nuestros pecados de las ultimas semanas, mediante las cuestas que tendríamos que subir. Con lo que nos lo tomamos con calma y fuimos andando y charlando entre nosotros.
Rafa no tardó en sorprendernos. El muchacho era un chistoso de campeonato. Y nos fue amenizando la marcha con infinidad de chistes. Fue la tonica de casi todos los días. Un par de horas con sus chistes y luego
miércoles, 9 de enero de 2008
Tarde de domingo en Pamplona
La verdad es que estábamos hospedados en pleno casco histórico, y muy cerca de las famosas calles de los encierros de Sanfermines. Elegimos para la comida, el Asador Iruñazarra, en plena calle Mercaderes. Infinidad de veces había visto la fachada de nuestro restaurante, sin imaginar que allí existiera un asador. Las imagenes que da la televisión en las retransmisiones de los encierros, dan un aspecto muy diferente a como en realidad es aquella zona, debido a los encuadres que realizan, mas centrados en los toros y los mozos que lo corren. El caso es que nos sentamos a la mesa y elegimos un menú compuesto por unos chorizos a la sidra, tortilla de bacalao, un asado de carne de 400 grs. y toda la sidra que pudiéramos beber. Solo había que levantarse y llenar la jarra tantas veces como quisiéramos de una enorme barrica.
La comida fue excelente, y la conversación muy agradable, pues era ocasión para ir hablando de nosotros e ir conociéndonos mejor. Lo que dio pie a una larga sobremesa, que hubimos de interrumpir ya que los camareros ya habían recogido todas las mesas. Trajeron la cuenta, y Esperanza se dio cuenta de que habían cobrado un cubierto de menos, con lo que pensamos dedicar el regalito para pagar los cafés en algún otro bar. Salimos de una pieza, a pesar de la "sidra a barra libre".
Para hacer bajar la copiosa comida, decidimos realizar a pie el encierro. Fuimos hasta la zona de los corrales y por la Cuesta de Santo Domingo, donde fotografiamos la pequeña imagen de San Fermín en su hornacina, y de allí al Ayuntamiento, donde visitamos en una plaza cercana un Mercado Medieval. De ahí por Mercaderes y la calle Estafeta, llegamos hasta el callejón de la plaza de toros. Antes en Estafeta, compramos algunos souvenirs en una tienda abierta a pesar de ser domingo por la tarde, y casi junto al edificio de Telefonica pudimos ver el reloj en el que se marcan las días, horas y minutos que faltan para las próximas fiestas, reloj que esta en la fachada de la tienda de camisetas Kukuxumusu.
En aquel punto me encontré con el grupito de franceses que había conocido aquella mañana a la salida de Zubiri. Habían adoptado, al ser francófonos, al matrimonio canadiense cuya señora se había dado aquel tremendo batacazo en la bajada del bosquecillo. El marido inicialmente me cayó fatal. No es que me hiciera nada el pobre hombre. Pero tenia un parecido asombroso con el personaje de agente de la Gestapo de la primera película de Indiana Jones. Aquel al que se le quedaba grabada en la palma de la mano el relieve de un medallón secreto debido a su exposición al fuego. Parecían gemelos. Calvos, bajitos, con gafitas redondas, rictus serio y mal encarado... y además, el de la peli había querido matar al bueno de Harrison Ford... ¿habráse visto? Días después volví a encontrármelo en una iglesia. Y aquel hombre que me caía mal por semejante tontería, resulto ser un santo varón... temeroso de Dios y de su santa iglesia católica... un hombre cabal donde los hubiere...
Llegamos hasta la plaza del Castillo, y enseguida dimos con el Café Iruña, y para no desaprovechar la ocasión, nos metimos entre pecho y espalda unos chocolates con churros. En el momento de las fotos, Javier le pidió a un joven de una mesa vecina, que nos hiciera una de grupo. A su vez, él le hizo otra al muchacho y a sus amigos con la cámara que llevaban.
Iba cayendo la tarde, estábamos algo empachados y decidimos regresar hacia la albergue, no sin antes intentar visitar la catedral, pero nos fue imposible pues estaba cerrada.
De nuevo en el albergue, nos dedicamos a conversar con dos matrimonios valencianos, tres de ellos maestros y el cuarto, conocido de Miguel, que trabajaba en un hospital cercano a su pueblo. Yo me entretuve escribiendo notas para mi diario, y viendo como caía la lluvia pues se había puesto a llover. Tuve un momento de dudas con respecto a la fiabilidad de las predicciones de mi cuñado y poco a poco nos fuimos preparando para pasar la noche. Al llegar a nuestro cuarto, la francesa dormía ya, con lo que no hubo ocasión de continuar con la bronca. Aun así, hice todo el ruido posible, cuando a media noche y ante el concierto de ronquidos que daban Javier y otro peregrino, y tuve que buscar en mi mochila mis tapones de cera. No hubo suerte... la francesa era de sueños profundos... como su mala leche.
La comida fue excelente, y la conversación muy agradable, pues era ocasión para ir hablando de nosotros e ir conociéndonos mejor. Lo que dio pie a una larga sobremesa, que hubimos de interrumpir ya que los camareros ya habían recogido todas las mesas. Trajeron la cuenta, y Esperanza se dio cuenta de que habían cobrado un cubierto de menos, con lo que pensamos dedicar el regalito para pagar los cafés en algún otro bar. Salimos de una pieza, a pesar de la "sidra a barra libre".
Para hacer bajar la copiosa comida, decidimos realizar a pie el encierro. Fuimos hasta la zona de los corrales y por la Cuesta de Santo Domingo, donde fotografiamos la pequeña imagen de San Fermín en su hornacina, y de allí al Ayuntamiento, donde visitamos en una plaza cercana un Mercado Medieval. De ahí por Mercaderes y la calle Estafeta, llegamos hasta el callejón de la plaza de toros. Antes en Estafeta, compramos algunos souvenirs en una tienda abierta a pesar de ser domingo por la tarde, y casi junto al edificio de Telefonica pudimos ver el reloj en el que se marcan las días, horas y minutos que faltan para las próximas fiestas, reloj que esta en la fachada de la tienda de camisetas Kukuxumusu.
En aquel punto me encontré con el grupito de franceses que había conocido aquella mañana a la salida de Zubiri. Habían adoptado, al ser francófonos, al matrimonio canadiense cuya señora se había dado aquel tremendo batacazo en la bajada del bosquecillo. El marido inicialmente me cayó fatal. No es que me hiciera nada el pobre hombre. Pero tenia un parecido asombroso con el personaje de agente de la Gestapo de la primera película de Indiana Jones. Aquel al que se le quedaba grabada en la palma de la mano el relieve de un medallón secreto debido a su exposición al fuego. Parecían gemelos. Calvos, bajitos, con gafitas redondas, rictus serio y mal encarado... y además, el de la peli había querido matar al bueno de Harrison Ford... ¿habráse visto? Días después volví a encontrármelo en una iglesia. Y aquel hombre que me caía mal por semejante tontería, resulto ser un santo varón... temeroso de Dios y de su santa iglesia católica... un hombre cabal donde los hubiere...
Llegamos hasta la plaza del Castillo, y enseguida dimos con el Café Iruña, y para no desaprovechar la ocasión, nos metimos entre pecho y espalda unos chocolates con churros. En el momento de las fotos, Javier le pidió a un joven de una mesa vecina, que nos hiciera una de grupo. A su vez, él le hizo otra al muchacho y a sus amigos con la cámara que llevaban.
Iba cayendo la tarde, estábamos algo empachados y decidimos regresar hacia la albergue, no sin antes intentar visitar la catedral, pero nos fue imposible pues estaba cerrada.
De nuevo en el albergue, nos dedicamos a conversar con dos matrimonios valencianos, tres de ellos maestros y el cuarto, conocido de Miguel, que trabajaba en un hospital cercano a su pueblo. Yo me entretuve escribiendo notas para mi diario, y viendo como caía la lluvia pues se había puesto a llover. Tuve un momento de dudas con respecto a la fiabilidad de las predicciones de mi cuñado y poco a poco nos fuimos preparando para pasar la noche. Al llegar a nuestro cuarto, la francesa dormía ya, con lo que no hubo ocasión de continuar con la bronca. Aun así, hice todo el ruido posible, cuando a media noche y ante el concierto de ronquidos que daban Javier y otro peregrino, y tuve que buscar en mi mochila mis tapones de cera. No hubo suerte... la francesa era de sueños profundos... como su mala leche.
viernes, 4 de enero de 2008
Algún problema técnico
Algún problema técnico me impidió acabar mi entrada del miércoles, y el jueves otro tanto, después de haber escrito y por dos veces lo que quería relatar. Espero tener mas suerte esta tarde.
En cuanto a colocar alguna foto en mis entradas, he desistido ante los continuos fracasos. Quien desee ver mis fotos ya sabe donde dirigirse. A Picasa, con enlace directo desde Mis Favoritos.
Y volviendo a la etapa de Pamplona... tras dejar atrás Larraosaña, nos internamos por un tramo que a mi me produjo una especial sensación. El paisaje había cambiado notablemente con respecto a la primera etapa, que consideraremos de montaña. La de este día, si bien de vez en cuando atravesábamos algún pequeño pero precioso bosque (ya está, seguro, el de Almería pensando en despotricar por mi gusto a los bosques...) fue transcurriendo a la vera del rio Arga, con infinidad de bellos árboles a un lado, y unos grandes y verdes prados al otro. En ellos, muchos peregrinos se paraban a descansar, y algunos bocadillos afloraban de las mochilas produciéndome un exceso de salivación y de pura envidia, ya que estábamos sin desayunar ni almorzar.
En una agresiva bajada, cuando caminaba adelantado a mis compañeros, fui testigo de como una jubilada canadiense resbalaba, perdía pie y se daba un morrazo impresionante, rebotando un par de veces con sus sendas costaladas, pero como un resorte se levantó, se espolsó la tierra, y como quien dice aquellos de "que caida mas tonta" continuó su camino, sin darme tiempo a mi a reaccionar para auxiliarla.
Como la dicha no puede ser eterna, fui notando un ligero dolor en los dedos de los pies, no pasaba de simple molestia, pero la cosa a medida que caminaba fue a mas. Aguanté bien pasando pueblos de "un solo nombre" como Akerreta, Irotz, Zabaldika... pero en Arleta el dolor mucho mas intenso, iba acompañado de una sensación humeda en los dedos. Paré junto a una fuente y me descalcé, comprobando que los "calcetines especiales anti-ampollas" por su grosor me habían aprisionado los dedos en las botas y una esquinita de las uñas me había producido una herida que sangraba. Cuando mis compañeros llegaron a mi altura, Esperanza sacó su bien surtido botiquín, me limpió la sangre y me curó. Esta mujer era como una madre. Sin prácticamente conocerme, 24 horas antes eramos unos perfectos desconocidos, tomo mis hinchados y sobre todo sudorosos pies y se aplicó en las curas como si de un hijo suyo se tratara.
Esperanza, con 52 o 53 años, madre de tres hijos en edad universitaria, trabajaba como administrativa en un hospital donostiarra (al igual que MªJesús, la ovetense del primer año) de ahí que sus botiquines fueran de los mas surtidos del contorno. Su marido, Javier, cuatro o cinco años mayor, trabajaba en banca, en una sucursal de la Kutxa, la caja de ahorros de San Sebastian. Javier ya había realizado uno o dos años antes el Camino, pero en bicicleta, deporte del que era muy aficionado como buen vasco. Participaba cada año en varias competiciones ciclistas y se le notaba entrenado, delgado para su imponente altura y fuerte. Esperanza no había preparado nada especial para la aventura. Fuerte de carne en su tren inferior, como mis tres granadinas del año anterior, pero se la veía muy dispuesta y aguantaba el ritmo de cualquiera que le diera ocasión para la conversación. Solo flaqueaba en las bajadas, debido a algún problema de rodillas. El tercero del grupo, Miguel el valenciano de Enguera, un buen tipo, muy campechano, también había realizado anteriormente la peregrinación, era tal vez un par de años mayor que Javier, rozando ya los sesenta y trabajaba como transportista de frutas, normalmente con una ruta que le llevaba hasta Irlanda. No parecía importarle viajar casi cada semana hasta aquellas latitudes, ya que tenía una hija estudiando o trabajando en una ciudad irlandesa, y de paso podía verla a menudo.
Hora y media después llegábamos a la altura de Arre y nos deteníamos en su precioso puente románico. Cuando sacábamos las cámaras para las fotos, un joven se ofreció a hacernos una de grupo, y por su acento, supimos que era andaluz. Visitamos la iglesia de Santa Trinidad y nos entretuvimos hablando con un sacerdote, un hermano Marista, que era hospitalero del albergue adjunto. Según me contó había estado destinado en el Seminario de Guardamar, y conocía mi antiguo colegio en la avenida de la Estación de Alicante.
Cuando salimos de la iglesia no había señales de Esperanza. Estuvimos esperandola un rato, pero Javier, nada preocupado, optó por que continuáramos pues seguro que nos encontraríamos pronto.
Con lo que enfilamos la larga recta del cinturón industrial de Pamplona, que pasando primero por Villaba, el pueblo de Miguel Indurain, y luego por Burlada, nos llevó en poco mas de una hora, hasta las primeras calles de la primera gran capital de provincias del Camino Francés, y al puente de la Magdalena, de nuevo sobre el Arga. Bordeando las murallas de la ciudad, llegamos al casco histórico de la Navarrería pasando por el Portal de Francia, donde enseguida dimos con un albergue situado en una escuela de monjas Adoratrices, que admitía peregrinos en verano.
Un joven y algo amanerado hospitalero iba ya a ponernos problemas para inscribir a Esperanza sin estar presente, cuando nuestra amiga apareció por la puerta acompañada por el joven andaluz de la foto en Arre.
Cuando dio sus datos, supimos que se llamaba Rafael, mas tarde Rafa para los amigos, y que era de Almería. Cuando hacíamos la cola para las duchas, nos comentó que había estado andando en compañía de un bilbaíno y de un madrileño, pero que por algún motivo no se sentía muy a gusto con ellos, por lo que pensaba unirse a nuestro grupo, si no teníamos inconveniente. Yo vi el cielo abierto. Con uno mas en el grupo podríamos repartir los momentos de "conversación" con nuestra simpática vasca. Y a lo mejor el entendía mejor al valenciano y podía servirme de interprete. Al final, ni lo uno ni lo otro, pero no obstante nos lo quedamos. Algo así como pasa con los hijos tontos... ¿para que tirarlos? Se quedó con nosotros.
Antes de irnos a comer, aun tuve tiempo de encabronarme con una francesa, que me ponía problemas con la parte de la litera que yo le había dejado (la de arriba, naturalmente) Pensando que yo no la entendería en su idioma, empezó dirigirme una serie de ordinarieces, casi insultos. Impertérrito (me gusta esta palabra, ¿ que le voy ha hacer ?) con cara de póquer, la dejé acabar, y entonces, en mi mejor francés, sin acento, le dediqué ordinarieces mas gordas y mejores insultos. Se quedó alelada... incluso su marido, que andaba por allí, agachó la cabeza e hizo como si no la conociera de nada.
En el Camino todos somos peregrinos, todos iguales o casi, con el mismo espíritu de compañerismo, pero cuando alguno se pasa de listo, como esa "gabacha" que se pasó de chauvinista" conmigo, se me hinchan las venas del cuellos, se me nubla la vista, me acuerdo del 2 de Mayo... y me pongo guerrero cual Catalina de Aragón.
Mucho mas entonado después de haber liberado tensiones, con los índices de adrenalina ya en parámetros habituales, y con mucho apetito, ya que aunque la etapa del día de solo 20 Kms. no había sido dura, la falta de un sitio donde "repostar" nos tenía con un hambre canina. En aquel momento me hubiera comido un caballo... ¿Que digo de caballos?... me hubiera comido un francés empezando por los pies. Salimos y buscamos un restaurante con el animo de darnos un homenaje.
En cuanto a colocar alguna foto en mis entradas, he desistido ante los continuos fracasos. Quien desee ver mis fotos ya sabe donde dirigirse. A Picasa, con enlace directo desde Mis Favoritos.
Y volviendo a la etapa de Pamplona... tras dejar atrás Larraosaña, nos internamos por un tramo que a mi me produjo una especial sensación. El paisaje había cambiado notablemente con respecto a la primera etapa, que consideraremos de montaña. La de este día, si bien de vez en cuando atravesábamos algún pequeño pero precioso bosque (ya está, seguro, el de Almería pensando en despotricar por mi gusto a los bosques...) fue transcurriendo a la vera del rio Arga, con infinidad de bellos árboles a un lado, y unos grandes y verdes prados al otro. En ellos, muchos peregrinos se paraban a descansar, y algunos bocadillos afloraban de las mochilas produciéndome un exceso de salivación y de pura envidia, ya que estábamos sin desayunar ni almorzar.
En una agresiva bajada, cuando caminaba adelantado a mis compañeros, fui testigo de como una jubilada canadiense resbalaba, perdía pie y se daba un morrazo impresionante, rebotando un par de veces con sus sendas costaladas, pero como un resorte se levantó, se espolsó la tierra, y como quien dice aquellos de "que caida mas tonta" continuó su camino, sin darme tiempo a mi a reaccionar para auxiliarla.
Como la dicha no puede ser eterna, fui notando un ligero dolor en los dedos de los pies, no pasaba de simple molestia, pero la cosa a medida que caminaba fue a mas. Aguanté bien pasando pueblos de "un solo nombre" como Akerreta, Irotz, Zabaldika... pero en Arleta el dolor mucho mas intenso, iba acompañado de una sensación humeda en los dedos. Paré junto a una fuente y me descalcé, comprobando que los "calcetines especiales anti-ampollas" por su grosor me habían aprisionado los dedos en las botas y una esquinita de las uñas me había producido una herida que sangraba. Cuando mis compañeros llegaron a mi altura, Esperanza sacó su bien surtido botiquín, me limpió la sangre y me curó. Esta mujer era como una madre. Sin prácticamente conocerme, 24 horas antes eramos unos perfectos desconocidos, tomo mis hinchados y sobre todo sudorosos pies y se aplicó en las curas como si de un hijo suyo se tratara.
Esperanza, con 52 o 53 años, madre de tres hijos en edad universitaria, trabajaba como administrativa en un hospital donostiarra (al igual que MªJesús, la ovetense del primer año) de ahí que sus botiquines fueran de los mas surtidos del contorno. Su marido, Javier, cuatro o cinco años mayor, trabajaba en banca, en una sucursal de la Kutxa, la caja de ahorros de San Sebastian. Javier ya había realizado uno o dos años antes el Camino, pero en bicicleta, deporte del que era muy aficionado como buen vasco. Participaba cada año en varias competiciones ciclistas y se le notaba entrenado, delgado para su imponente altura y fuerte. Esperanza no había preparado nada especial para la aventura. Fuerte de carne en su tren inferior, como mis tres granadinas del año anterior, pero se la veía muy dispuesta y aguantaba el ritmo de cualquiera que le diera ocasión para la conversación. Solo flaqueaba en las bajadas, debido a algún problema de rodillas. El tercero del grupo, Miguel el valenciano de Enguera, un buen tipo, muy campechano, también había realizado anteriormente la peregrinación, era tal vez un par de años mayor que Javier, rozando ya los sesenta y trabajaba como transportista de frutas, normalmente con una ruta que le llevaba hasta Irlanda. No parecía importarle viajar casi cada semana hasta aquellas latitudes, ya que tenía una hija estudiando o trabajando en una ciudad irlandesa, y de paso podía verla a menudo.
Hora y media después llegábamos a la altura de Arre y nos deteníamos en su precioso puente románico. Cuando sacábamos las cámaras para las fotos, un joven se ofreció a hacernos una de grupo, y por su acento, supimos que era andaluz. Visitamos la iglesia de Santa Trinidad y nos entretuvimos hablando con un sacerdote, un hermano Marista, que era hospitalero del albergue adjunto. Según me contó había estado destinado en el Seminario de Guardamar, y conocía mi antiguo colegio en la avenida de la Estación de Alicante.
Cuando salimos de la iglesia no había señales de Esperanza. Estuvimos esperandola un rato, pero Javier, nada preocupado, optó por que continuáramos pues seguro que nos encontraríamos pronto.
Con lo que enfilamos la larga recta del cinturón industrial de Pamplona, que pasando primero por Villaba, el pueblo de Miguel Indurain, y luego por Burlada, nos llevó en poco mas de una hora, hasta las primeras calles de la primera gran capital de provincias del Camino Francés, y al puente de la Magdalena, de nuevo sobre el Arga. Bordeando las murallas de la ciudad, llegamos al casco histórico de la Navarrería pasando por el Portal de Francia, donde enseguida dimos con un albergue situado en una escuela de monjas Adoratrices, que admitía peregrinos en verano.
Un joven y algo amanerado hospitalero iba ya a ponernos problemas para inscribir a Esperanza sin estar presente, cuando nuestra amiga apareció por la puerta acompañada por el joven andaluz de la foto en Arre.
Cuando dio sus datos, supimos que se llamaba Rafael, mas tarde Rafa para los amigos, y que era de Almería. Cuando hacíamos la cola para las duchas, nos comentó que había estado andando en compañía de un bilbaíno y de un madrileño, pero que por algún motivo no se sentía muy a gusto con ellos, por lo que pensaba unirse a nuestro grupo, si no teníamos inconveniente. Yo vi el cielo abierto. Con uno mas en el grupo podríamos repartir los momentos de "conversación" con nuestra simpática vasca. Y a lo mejor el entendía mejor al valenciano y podía servirme de interprete. Al final, ni lo uno ni lo otro, pero no obstante nos lo quedamos. Algo así como pasa con los hijos tontos... ¿para que tirarlos? Se quedó con nosotros.
Antes de irnos a comer, aun tuve tiempo de encabronarme con una francesa, que me ponía problemas con la parte de la litera que yo le había dejado (la de arriba, naturalmente) Pensando que yo no la entendería en su idioma, empezó dirigirme una serie de ordinarieces, casi insultos. Impertérrito (me gusta esta palabra, ¿ que le voy ha hacer ?) con cara de póquer, la dejé acabar, y entonces, en mi mejor francés, sin acento, le dediqué ordinarieces mas gordas y mejores insultos. Se quedó alelada... incluso su marido, que andaba por allí, agachó la cabeza e hizo como si no la conociera de nada.
En el Camino todos somos peregrinos, todos iguales o casi, con el mismo espíritu de compañerismo, pero cuando alguno se pasa de listo, como esa "gabacha" que se pasó de chauvinista" conmigo, se me hinchan las venas del cuellos, se me nubla la vista, me acuerdo del 2 de Mayo... y me pongo guerrero cual Catalina de Aragón.
Mucho mas entonado después de haber liberado tensiones, con los índices de adrenalina ya en parámetros habituales, y con mucho apetito, ya que aunque la etapa del día de solo 20 Kms. no había sido dura, la falta de un sitio donde "repostar" nos tenía con un hambre canina. En aquel momento me hubiera comido un caballo... ¿Que digo de caballos?... me hubiera comido un francés empezando por los pies. Salimos y buscamos un restaurante con el animo de darnos un homenaje.
miércoles, 2 de enero de 2008
Camino de Pamplona
Volvimos a cruzar el puente de la Rabia, acompañados de cerca por un grupo de franceses y cuatro chavalas hungaras, junto a las que habíamos cenado la noche anterior, sin enterarnos de lo que parloteaban entre ellas.
El fresquito de la mañana, nos hizo andar deprisa intentando entrar en calor, y fuimos pasando por pequeños pueblos como Ilarratz y Ezkirotz, pero eran tan pequeños, casi aldeas, que no vimos ni un solo bar o sitio donde tomar algo caliente y consistente. Sin embargo, si que pudimos oler y pisar los residuos de una grán fabrica de Magnesitas que encontramos en el camino. Fue aproximadamente un kilómetro de un paisaje desagradable, con el terreno macahacado por los camiones que depositaban, no muy lejos, la escoria y desechos de la fabrica. De nuevo podíamos apreciar una nueva agresión del paisaje y del milenario Camino, en arras de la modernidad y el desarrollo. De cualquier modo, que nadie me pregunte que es y para que sirve la magnesita esa, pues lo desconozco.
Hora y media despues de haber salido, llegamos a las inmediaciones de Larraosaña, del que todas las guías hablan maravillas por la belleza del pueblo, pero un peregrino nos avisó de que todo estaba cerrado por las fiestas, y que los mozos del pueblo que aun seguían con la fiesta de la noche anterior, los habían corrido a botellazos hasta sacarlos de nuevo al camino. No hubo nada que pensarse, y salimos por piernas, continuando con nuestra ruta.
El fresquito de la mañana, nos hizo andar deprisa intentando entrar en calor, y fuimos pasando por pequeños pueblos como Ilarratz y Ezkirotz, pero eran tan pequeños, casi aldeas, que no vimos ni un solo bar o sitio donde tomar algo caliente y consistente. Sin embargo, si que pudimos oler y pisar los residuos de una grán fabrica de Magnesitas que encontramos en el camino. Fue aproximadamente un kilómetro de un paisaje desagradable, con el terreno macahacado por los camiones que depositaban, no muy lejos, la escoria y desechos de la fabrica. De nuevo podíamos apreciar una nueva agresión del paisaje y del milenario Camino, en arras de la modernidad y el desarrollo. De cualquier modo, que nadie me pregunte que es y para que sirve la magnesita esa, pues lo desconozco.
Hora y media despues de haber salido, llegamos a las inmediaciones de Larraosaña, del que todas las guías hablan maravillas por la belleza del pueblo, pero un peregrino nos avisó de que todo estaba cerrado por las fiestas, y que los mozos del pueblo que aun seguían con la fiesta de la noche anterior, los habían corrido a botellazos hasta sacarlos de nuevo al camino. No hubo nada que pensarse, y salimos por piernas, continuando con nuestra ruta.
Reflexiones de un insomne
Tras 11 días de vacaciones de Navidad en los que he estado lejos de mi ordenador, días en los que he tenido dificultades para conseguir uno con el que publicar alguna que otra entrada, vuelvo a la cita, casi diaria, que tenía con todos vosotros. Y a pesar de que cierto personaje que vive en Almería, un tipo que está deseando que llegue su momento de aparecer en este blog, y que me "estresa" metiéndome prisa, deberé antes de todo relatar algunas reflexiones que me fueron surgiendo durante aquella larga noche, acostado sobre una madera en aquel frontón de Zubiri.
A finales del mes de Agosto, una noche que no olvidaré, me surgieron serias dudas de que fuera a realizar este viaje en el que estaba embarcado. La cosa empezó sobre las siete de la tarde. Un ligero dolor de estomago me fue indisponiendo. Sobre las nueve, ya en casa después del trabajo, la cosa fue en aumento, pasando de ligero a preocupante. Me puse a medicarme a base de manzanillas pues pensaba que era una pequeña indigestión. Una hora mas tarde el dolor se fue trasladando paulatinamente hacia la espalda, aunque yo seguí con las infusiones, una tras otra, y de vez en cuando, algún lingotazo de sales de fruta. A las once de la noche fue como si me pusiera de parto. Yo sabía que no podía ser... pues tomo precauciones, pero en mi fuero interno no descartaba un embarazo no deseado, y aquel debía venir de nalgas, a tenor del intensísimo dolor que me tenía doblado en cuatro. A media noche caí en la cuenta de que aquello provenía del riñón y, no se porque, me dio la sensación que solo con manzanilla aquello no mejoraría. Con lo que, como pude, cogí el coche y me dirigí hacia urgencias de un hospital. No sé muy bien como conseguí llegar, ya que el dolor en ocasiones me nublaba la vista. Pero llegué. Y rápidamente un medico me busco una vía y me inyectó unos calmantes, diciéndome que "solo era un cólico nefrítico". Mas tarde, cuando ya el tremendo dolor empezaba a remitir y me permitió centrarme en lo que me decía el galeno, fui cayendo en la cuenta de que tenía comprometido el viaje al Camino. El medico achacaba el episodio a que mi diabetes empezaba a fastidiarme otros órganos de mi cuerpo, pero yo solo pensaba en que hubiera podido ocurrir de haberme dado aquel telele en plena peregrinación. Mas concretamente, pensaba, allí acostado en Zubiri, como hubiera salido del trance si me hubiera dado allí mismo. Pasados unos días, mis sensaciones fueron mejorando, gracias a la medicación que me habían dado, y por fin pude aparcar mis temores de quedarme en casa y no poder realizar el viaje.
Para festejar mi buena suerte, unos días antes de mi salida hacía Roncesvalles, decidí comprarme unos calcetines especiales, que en Decatlon, anunciaban como especiales anti ampollas. Aquella mañana, en Zubiri, al levantarme me los coloqué muy contento. No tenían nada de especiales, salvo que eran un poco mas gruesos que los solía utilizar en Galicia el año anterior. Y el caso es que, recién puestos y estrenados, eran muy cómodos y calentitos.
También aquella noche, oyendo como la lluvia caía en el exterior, me acorde de mi cuñado Jorge, el metereólogo. Un par de días antes de mi salida le pedí que me hiciera una predicción del tiempo que iba a encontrarme por Navarra. "Fresquito por las noches, pero nada de lluvia" me vaticinó. Allí acostado, preocupado por la que estaba cayendo fuera, caí en la cuenta de que nadie puede adivinar que tiempo hará, si nos es saliendo al balcón de tu casa al amanecer y ver como está el cielo ese día. Seguro que si Jorge leyera estas lineas, pensaría: "Hombre de poca fe... falta de confianza... dudando de un profesional, y además entre familia". El caso es que medio acertó, ya que si bien las tres primeras noches en Navarra estuvo lloviendo, y bien, al amanecer paraban las lluvias, y nos salía un sol maravilloso. Aunque sigo sin saber como lo hacen para preveer el tiempo, y las dudas me asaltan de tarde en tarde, debo reconocer que mi cuñado es de los buenos y siempre acierta.
Nos fuimos levantando uno tras otro en aquel infesto albergue, y casi de noche aun, fuimos saliendo y preparándonos para la etapa del día, que nos llevaría hasta la capital navarra. Para acabar con aquel pueblo, diré que ningún bar estaba abierto a aquellas horas, y tuvimos que ponernos en ruta sin desayunar, salvo alguna galleta que algún peregrino se había dejado en la cocina, y que pudimos rapiñar y comernos.
A finales del mes de Agosto, una noche que no olvidaré, me surgieron serias dudas de que fuera a realizar este viaje en el que estaba embarcado. La cosa empezó sobre las siete de la tarde. Un ligero dolor de estomago me fue indisponiendo. Sobre las nueve, ya en casa después del trabajo, la cosa fue en aumento, pasando de ligero a preocupante. Me puse a medicarme a base de manzanillas pues pensaba que era una pequeña indigestión. Una hora mas tarde el dolor se fue trasladando paulatinamente hacia la espalda, aunque yo seguí con las infusiones, una tras otra, y de vez en cuando, algún lingotazo de sales de fruta. A las once de la noche fue como si me pusiera de parto. Yo sabía que no podía ser... pues tomo precauciones, pero en mi fuero interno no descartaba un embarazo no deseado, y aquel debía venir de nalgas, a tenor del intensísimo dolor que me tenía doblado en cuatro. A media noche caí en la cuenta de que aquello provenía del riñón y, no se porque, me dio la sensación que solo con manzanilla aquello no mejoraría. Con lo que, como pude, cogí el coche y me dirigí hacia urgencias de un hospital. No sé muy bien como conseguí llegar, ya que el dolor en ocasiones me nublaba la vista. Pero llegué. Y rápidamente un medico me busco una vía y me inyectó unos calmantes, diciéndome que "solo era un cólico nefrítico". Mas tarde, cuando ya el tremendo dolor empezaba a remitir y me permitió centrarme en lo que me decía el galeno, fui cayendo en la cuenta de que tenía comprometido el viaje al Camino. El medico achacaba el episodio a que mi diabetes empezaba a fastidiarme otros órganos de mi cuerpo, pero yo solo pensaba en que hubiera podido ocurrir de haberme dado aquel telele en plena peregrinación. Mas concretamente, pensaba, allí acostado en Zubiri, como hubiera salido del trance si me hubiera dado allí mismo. Pasados unos días, mis sensaciones fueron mejorando, gracias a la medicación que me habían dado, y por fin pude aparcar mis temores de quedarme en casa y no poder realizar el viaje.
Para festejar mi buena suerte, unos días antes de mi salida hacía Roncesvalles, decidí comprarme unos calcetines especiales, que en Decatlon, anunciaban como especiales anti ampollas. Aquella mañana, en Zubiri, al levantarme me los coloqué muy contento. No tenían nada de especiales, salvo que eran un poco mas gruesos que los solía utilizar en Galicia el año anterior. Y el caso es que, recién puestos y estrenados, eran muy cómodos y calentitos.
También aquella noche, oyendo como la lluvia caía en el exterior, me acorde de mi cuñado Jorge, el metereólogo. Un par de días antes de mi salida le pedí que me hiciera una predicción del tiempo que iba a encontrarme por Navarra. "Fresquito por las noches, pero nada de lluvia" me vaticinó. Allí acostado, preocupado por la que estaba cayendo fuera, caí en la cuenta de que nadie puede adivinar que tiempo hará, si nos es saliendo al balcón de tu casa al amanecer y ver como está el cielo ese día. Seguro que si Jorge leyera estas lineas, pensaría: "Hombre de poca fe... falta de confianza... dudando de un profesional, y además entre familia". El caso es que medio acertó, ya que si bien las tres primeras noches en Navarra estuvo lloviendo, y bien, al amanecer paraban las lluvias, y nos salía un sol maravilloso. Aunque sigo sin saber como lo hacen para preveer el tiempo, y las dudas me asaltan de tarde en tarde, debo reconocer que mi cuñado es de los buenos y siempre acierta.
Nos fuimos levantando uno tras otro en aquel infesto albergue, y casi de noche aun, fuimos saliendo y preparándonos para la etapa del día, que nos llevaría hasta la capital navarra. Para acabar con aquel pueblo, diré que ningún bar estaba abierto a aquellas horas, y tuvimos que ponernos en ruta sin desayunar, salvo alguna galleta que algún peregrino se había dejado en la cocina, y que pudimos rapiñar y comernos.
martes, 1 de enero de 2008
Feliz 2008
Aprovecho el día para desear a todos mis amigos un feliz Año Nuevo, 2008. Por extensión, cualquiera que entre en mi blog y me lea, ya es amigo mio y merecedor de un año lleno de cosas buenas. Lo digo y lo deseo de corazón.
Es curioso como en un día como hoy, el que mas y el que menos, hace balance del año ya pasado, y piensa en el que viene. Normalmente se tienen ilusiones de hacer cosas que no se hicieron anteriormente, se espera que, inconscientemente, por ser año nuevo tenga por añadidura aquello de vida nueva. Casi nunca es así. Al menos yo no dejo de fumar. No acabo de aprender inglés. Y pasados solo unos días, todo queda atrás, y con los tiempos que corren me quedo definitivamente con el "Virgencita, virgencita... que me quede como estoy"... que ya es mucho. Que nuestras familias y amigos permanezcan siempre a nuestro lado, como ha sido hasta ahora. Que el trabajo y la salud no nos falten. Que del décimo de lotería para el Niño que hemos comprado siguiendo la rutina de cada año, al menos nos devuelvan el reintegro para seguir jugando y soñando... porque otra cosa no creo que sea.
En cuanto al Camino, que es de lo versa este mi blog, anoche, cuando felicitaba a mis amigos el año nuevo, y tras recibir una llamada de Javier y Esmeralda, precisamente estos amigos que recién han aparecido entre estas lineas, me encontraba con la alegría de que Javier me pedía que fuera ya haciendo planes para el mes de Septiembre, ya que el en Febrero debe avisar en su empresa las fechas de sus vacaciones, y tiene la firme intención de que un año mas, continuemos realizando los tramos juntos. Este año, si Dios quiere será León-O'Cebreriro. Con lo que tengo garantizado mas leña para esta hoguera que es el blog. Pero eso esta aun por venir. De momento reiterare mis felicitaciones y deseos de ventura para todos vosotros, mis amigos. Feliz Año Nuevo
Es curioso como en un día como hoy, el que mas y el que menos, hace balance del año ya pasado, y piensa en el que viene. Normalmente se tienen ilusiones de hacer cosas que no se hicieron anteriormente, se espera que, inconscientemente, por ser año nuevo tenga por añadidura aquello de vida nueva. Casi nunca es así. Al menos yo no dejo de fumar. No acabo de aprender inglés. Y pasados solo unos días, todo queda atrás, y con los tiempos que corren me quedo definitivamente con el "Virgencita, virgencita... que me quede como estoy"... que ya es mucho. Que nuestras familias y amigos permanezcan siempre a nuestro lado, como ha sido hasta ahora. Que el trabajo y la salud no nos falten. Que del décimo de lotería para el Niño que hemos comprado siguiendo la rutina de cada año, al menos nos devuelvan el reintegro para seguir jugando y soñando... porque otra cosa no creo que sea.
En cuanto al Camino, que es de lo versa este mi blog, anoche, cuando felicitaba a mis amigos el año nuevo, y tras recibir una llamada de Javier y Esmeralda, precisamente estos amigos que recién han aparecido entre estas lineas, me encontraba con la alegría de que Javier me pedía que fuera ya haciendo planes para el mes de Septiembre, ya que el en Febrero debe avisar en su empresa las fechas de sus vacaciones, y tiene la firme intención de que un año mas, continuemos realizando los tramos juntos. Este año, si Dios quiere será León-O'Cebreriro. Con lo que tengo garantizado mas leña para esta hoguera que es el blog. Pero eso esta aun por venir. De momento reiterare mis felicitaciones y deseos de ventura para todos vosotros, mis amigos. Feliz Año Nuevo
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