A pesar de que hoy es lunes, y ya se sabe que son días malos donde los haya, no puedo quejarme de mis amigos. Vayamos por partes.
Para empezar, mi amigo Rafa Gambin y su esposa Nora me envian como comentario del blog, (y por partida doble) la famosa Salve. ! Claro que me la sabía ! Pero no la recordaba. Con lo que desde ahora, puedo dejar de ir hacía los confesionarios de todas esas iglesias del Camino como una oveja va al matadero. Puedo dejar esas negociaciones kafkianas, en las que nadie me respondía, a la hora de mis penitencias. Ahora que me la sé seguro estoy de que, siguiendo con la Ley de Murphy o de Peters, me impondrán cualquier otro rezo, y ya no me pedirán La Salve. No dejo de acordarme de que unas amigas la rezaron por mi en Santiago, y de que ahora dos de mis mejores amigos, el matrimonio Gambin, me resuelven el apuro. Bueno, y no solo a mi, ya que el otro Rafa, el almeriense, si también lee los comentarios del blog, podría ponerse al día y aprenderse la plegaria. Aunque pienso que Rafa no es muy amigo de la ultimamente famosa Conferencia Episcopal y todas sus liturgias.
Continuando con las sorpresas, esta mañana me encontré con un correo de Miguel, el valenciano de Enguera, entre otras cosas me cuenta que entre viaje y viaje, cuando regresa a casa, se pone al día y le vuelven recuerdos de aquellas etapas por Navarra leyendo este blog. ! Un nuevo cliente ! Miguel se excusa por los malos rollitos con Rafa de Almería. ! Pero hombre, Miguel ! No hay nada de que excusarse. Rafa, un buen tipo donde los haya, no te guarda ningun rencor, y sabe de sobra que fueron simples discusiones entre personas de diferentes generaciones, surgidas en un momento de calentón, pero que quedaron olvidadas cinco minutos después. Por eso no sufras. De hecho, la ultima vez que Miguel me llamó al movil, estando Rafa en Alicante, le pasé el aparato al almeriense y los dos se saludaron como buenos amigos.
Siguiendo con sorpresas, Berin, una amiga del Camino del Sureste me envía también un e.mail comunicándome que la Asociación de Amigos del Camino de Alicante ha iniciado de nuevo las etapas, como cada año, y que se me ha echado en falta en la primera... ! Ya será menos... ! Eso me alegra el día ya que aunque son etapas repetición de años anteriores, etapas y tramos ya conocidos, el mero hecho de caminar un sabado por la mañana con el grupo de amigos que se ha formado ahí, matar el gusanillo del Camino, poder distraerte, que te dé el aire y el sol, y sobre todo las risas que de vez en cuando nos damos, son sin duda una buena noticia. Ademas Berín me dice que es asidua lectora del blog... ! otra cliente... y yo sin saberlo ! De nuevo me viene a la cabeza lo maravilloso que es disponer de amigos tan fieles. Y sin duda yo tengo esa suerte.
Y para rematar el día, al abrir el buzon de casa me encuentro con un enorme sobre acolchado remitido desde San Sebastian. Es de Esperanza. No son las fotos que tomaron el matrimonio vasco en el tramo Burgos-León de Septiembre pasado y que espero con impaciencia para añadirlas a mi colección, pero si que recibo un regalito para MªDolores, unos pendientes en forma de concha del camino que Javier y Esperanza compraron en una feria de artesanía celebrada hace unas semanas en Donosti, una entrada, plastificada y todo, del concierto que dieron los Rolling Stone en San Sebastian, que sin duda es para Alvaro. Y para mi, también plastificada, la hoja de un periódico dominical con un artículo de Paulo Cohello, que por lo visto anda por Santiago y zonas de Portugal estos días. El escritor brasileño, es un amante del Camino de Santiago, que realizó hace varios años, y del que escribió un libro, que compré y leí. Creo recordar que su titulo era El Peregrino y el Mago. Dificil de leer por el caracter esotérico y arcano que le dá el autor, pero que sin embargo fue todo un fenomeno editorial en su país, lo que consiguió que tantisimo brasileño se aventurase en cruzar el charco y seguir sus pasos realizando el Camino. Con uno de ellos anduve, aunque solo fuera una etapa, con uno de esos cientos de brasileños que hacen el Camino. Marcelo era su nombre, un ingeniero simpático y dicharachero que andaba con un lanzaroteño por la Rioja el pasado año 2006. Pronto llegará su turno y aparecerá en estas lineas.
Por tanto, sí, lunes, pero un día redondo en lo que se refiere a temas relacionados con el Camino. Ojalá todos los días fueran iguales. El contacto con los amigos se agradece y le sube a uno la moral. Gracias amigos.
lunes, 4 de febrero de 2008
sábado, 2 de febrero de 2008
Jose Miguel, Párroco de Los Arcos
Antes de nada, contestar al comentario del amigo Rafa.
Ya que parece que te rasgas las vestiduras al ver que aun no me he aprendido la Salve, sé un buen amigo y pasamela para que la aprenda yo. _ Si... bueno... estoooo... hum... la tengo en la punta de la lengua... ¿Como empezaba...?... Ejem...
Ya lo sabía yo. Mucha Historia del Arte, mucho Camino de Santiago, mucho parapente... pero en esto estas como yo ¿verdad?
Mucho mas desahogado, continuaré con el relato. Me dirigí hacia el confesionario, temiéndome lo peor... que me pusieran de penitencia alguna dichosa Salve... aquel día no estaba yo fino para negociar con el Altisimo, ni estaban las granadinas para echarme un cable. Pero la cosa fue muy diferente a una confesión tradicional.
El párroco, que se llamaba Jose Miguel y era relativamente joven, pasaba un tanto de oir pecados, excusas y monsergas. Mas bien intentó darle a aquello otro aire. De que aquel trance fuera mas bien como una conversación entre amigos, aunque se acabaran de conocer, y de pronto me vi en medio de una interesante conversación. En lugar de preguntarme si iba mucho a misa, si me la meneaba o le metía mano a mi chica, estuvimos platicando sobre el Camino de Santiago, pues al segundo se dio cuenta que por la pinta que traía debía ser un peregrino. Hablamos del espíritu de compañerismo y en cierto sentido amor por los demás que se respira en él. De tratar de buscar a Dios en toda aquella naturaleza, de tratar de hablar con él, buscar su compañía, en esas largas caminatas.
Nada del otro mundo. Pero si muy diferente a lo que nos tienen acostumbrados los curas digamos mas tradicionales. Sin embargo cuando terminamos de habalar no descuidó el negocio. Como penitencia por aquellos pecados que sin duda acarreaba yo, y de los que pensaba, yo estaba arrepentido o de otro modo no me hubiera acercado a su confesionario, me mandó el rezo de unos Padres Nuestros y unas Ave Marias, haciéndome hincapié en que pidiera por... las vocaciones sacerdotales, de las que estaba tan necesitada la Iglesia. Con tantas facilidades, con la simpatía que derrochaba, con el buen rollito aquel... ¿quien se podía negar?
Unos momentos después dio inicio la misa, y al fijarme en la concurrencia, vi entre la multitud de feligreses que habían acudido aquella tarde de fiesta, a varios peregrinos conocidos. Entre ellos al canadiense que se parecía al malo de la pelicula de Indiana Jones. Pobrecito, como lo había vilipendiado todo ese tiempo... y el allí... dándose golpes de pecho y rezando fervorosamente. También reconocí entre el gentío al grupito de franceses de Pamplona y como otro grupo de alemanes rezaban en su lengua. La religión, idioma universal.
Acabada la misa, Jose Miguel el párroco, nos pidió a todos los peregrinos presentes que nos acercáramos hasta el altar, y allí el numeroso grupo formó dos filas y escuchamos como el cura en diferentes idiomas, inglés, alemán, francés, italiano, ! holandés ¡ ... (joven, enrollado y además políglota) daba a todos ellos la bienvenida a Los Arcos y les deseaba un buen Camino. Con los nacionales la cosa fue diferente. Uno a uno nos fue preguntando de que provincia eramos, y con cada ciudad tenía un recuerdo de la Virgen local, la patrona de las diferentes localidades. Y sin equivocarse ni una vez, nombró a cada una de ellas. La Moreneta cuando llegó el turno de Miguel el valenciano, o a la Virgen de los Remedios cuando me tocó a mi. A cada uno de los peregrinos no dió una estampita de Santiago (en eso sí que era tradicionalista el tio) en la que había impresa una oración que habríamos de rezar una vez estuviéramos ante la imagen del Apóstol en Compostela. Guardo aun esa oración, pues hice la promesa de llevarla ante el altar de la Catedral el año en que acabara el Camino Francés.
Luego los peregrinos tuvimos el privilegio de besar los primeros el Lignus Crucis, que en su escapulario de plata había presidido la santa misa.
Terminado el acto, la Mayordomía de la Vera Cruz inició su solemne procesión, con la reliquia al frente. El grupo, con sus elegantes capas de terciopelo verde y negro, y la enseña de la Hermandad desfilaron por el interior de la iglesia para después salir y dar la vuelta completa al claustro con toda la peña detras. Las sempiternas beatas del pueblo cantando y desafinando a pleno pulmón, pero en resumen un acto muy sobrio, sentido, muy emotivo y para nosotros inesperado.
Terminada la ceremonia, y devuelta la reliquia al interior de la sacristía, comenzó el vino de honor, que nosotros, sobre todo Esperanza y yo, convertimos en una merienda cena, arramblando cada vez que se acercaban las beatas con los mantecados, pastas y dulces que nos ofrecían. Durante la merienda, Javier, Miguel y yo conversamos con el Secretario de la Mayordomía, de nombre Antonio, además Concejal de Fiestas del Ayuntamiento. Yo, como Secretario a mi vez del Trono del Cristo de la Caída de mi Hermandad, me interesé por la Semana Santa de la localidad, los días de procesión, la cantidad de Tronos y algunas cuestiones y problemas propios de dichas celebraciones religiosas. El tal Antonio llegó incluso a darme su e.mail, y como siempre debí asegurarle que le escribiría, pero una vez de regreso a casa, lo fui dejando en olvido con lo que no cumplí con lo dicho.
Todo acabó, y nos fuimos retirando hasta el albergue. No recuerdo si cené aquella noche. Con el vinito dulce y todas las pastas que me había comido, con todo el azucar ingerido a pesar de la diabetes, debí sentirme empachado. El caso es que nos acostamos aquella noche satisfechos, al menos yo, por la tarde tan entretenida que habíamos pasado y la sorpresa que había acabado siendo aquella pequeña localidad. Cuando al medio día llegaba al pueblo no esperaba, ni remotamente, todo aquello tan agradable que nos había sucedido en tan pocas horas. Otra de las cosas buenas del Camino, que cuando menos te lo esperas, salta la liebre.
Ya que parece que te rasgas las vestiduras al ver que aun no me he aprendido la Salve, sé un buen amigo y pasamela para que la aprenda yo. _ Si... bueno... estoooo... hum... la tengo en la punta de la lengua... ¿Como empezaba...?... Ejem...
Ya lo sabía yo. Mucha Historia del Arte, mucho Camino de Santiago, mucho parapente... pero en esto estas como yo ¿verdad?
Mucho mas desahogado, continuaré con el relato. Me dirigí hacia el confesionario, temiéndome lo peor... que me pusieran de penitencia alguna dichosa Salve... aquel día no estaba yo fino para negociar con el Altisimo, ni estaban las granadinas para echarme un cable. Pero la cosa fue muy diferente a una confesión tradicional.
El párroco, que se llamaba Jose Miguel y era relativamente joven, pasaba un tanto de oir pecados, excusas y monsergas. Mas bien intentó darle a aquello otro aire. De que aquel trance fuera mas bien como una conversación entre amigos, aunque se acabaran de conocer, y de pronto me vi en medio de una interesante conversación. En lugar de preguntarme si iba mucho a misa, si me la meneaba o le metía mano a mi chica, estuvimos platicando sobre el Camino de Santiago, pues al segundo se dio cuenta que por la pinta que traía debía ser un peregrino. Hablamos del espíritu de compañerismo y en cierto sentido amor por los demás que se respira en él. De tratar de buscar a Dios en toda aquella naturaleza, de tratar de hablar con él, buscar su compañía, en esas largas caminatas.
Nada del otro mundo. Pero si muy diferente a lo que nos tienen acostumbrados los curas digamos mas tradicionales. Sin embargo cuando terminamos de habalar no descuidó el negocio. Como penitencia por aquellos pecados que sin duda acarreaba yo, y de los que pensaba, yo estaba arrepentido o de otro modo no me hubiera acercado a su confesionario, me mandó el rezo de unos Padres Nuestros y unas Ave Marias, haciéndome hincapié en que pidiera por... las vocaciones sacerdotales, de las que estaba tan necesitada la Iglesia. Con tantas facilidades, con la simpatía que derrochaba, con el buen rollito aquel... ¿quien se podía negar?
Unos momentos después dio inicio la misa, y al fijarme en la concurrencia, vi entre la multitud de feligreses que habían acudido aquella tarde de fiesta, a varios peregrinos conocidos. Entre ellos al canadiense que se parecía al malo de la pelicula de Indiana Jones. Pobrecito, como lo había vilipendiado todo ese tiempo... y el allí... dándose golpes de pecho y rezando fervorosamente. También reconocí entre el gentío al grupito de franceses de Pamplona y como otro grupo de alemanes rezaban en su lengua. La religión, idioma universal.
Acabada la misa, Jose Miguel el párroco, nos pidió a todos los peregrinos presentes que nos acercáramos hasta el altar, y allí el numeroso grupo formó dos filas y escuchamos como el cura en diferentes idiomas, inglés, alemán, francés, italiano, ! holandés ¡ ... (joven, enrollado y además políglota) daba a todos ellos la bienvenida a Los Arcos y les deseaba un buen Camino. Con los nacionales la cosa fue diferente. Uno a uno nos fue preguntando de que provincia eramos, y con cada ciudad tenía un recuerdo de la Virgen local, la patrona de las diferentes localidades. Y sin equivocarse ni una vez, nombró a cada una de ellas. La Moreneta cuando llegó el turno de Miguel el valenciano, o a la Virgen de los Remedios cuando me tocó a mi. A cada uno de los peregrinos no dió una estampita de Santiago (en eso sí que era tradicionalista el tio) en la que había impresa una oración que habríamos de rezar una vez estuviéramos ante la imagen del Apóstol en Compostela. Guardo aun esa oración, pues hice la promesa de llevarla ante el altar de la Catedral el año en que acabara el Camino Francés.
Luego los peregrinos tuvimos el privilegio de besar los primeros el Lignus Crucis, que en su escapulario de plata había presidido la santa misa.
Terminado el acto, la Mayordomía de la Vera Cruz inició su solemne procesión, con la reliquia al frente. El grupo, con sus elegantes capas de terciopelo verde y negro, y la enseña de la Hermandad desfilaron por el interior de la iglesia para después salir y dar la vuelta completa al claustro con toda la peña detras. Las sempiternas beatas del pueblo cantando y desafinando a pleno pulmón, pero en resumen un acto muy sobrio, sentido, muy emotivo y para nosotros inesperado.
Terminada la ceremonia, y devuelta la reliquia al interior de la sacristía, comenzó el vino de honor, que nosotros, sobre todo Esperanza y yo, convertimos en una merienda cena, arramblando cada vez que se acercaban las beatas con los mantecados, pastas y dulces que nos ofrecían. Durante la merienda, Javier, Miguel y yo conversamos con el Secretario de la Mayordomía, de nombre Antonio, además Concejal de Fiestas del Ayuntamiento. Yo, como Secretario a mi vez del Trono del Cristo de la Caída de mi Hermandad, me interesé por la Semana Santa de la localidad, los días de procesión, la cantidad de Tronos y algunas cuestiones y problemas propios de dichas celebraciones religiosas. El tal Antonio llegó incluso a darme su e.mail, y como siempre debí asegurarle que le escribiría, pero una vez de regreso a casa, lo fui dejando en olvido con lo que no cumplí con lo dicho.
Todo acabó, y nos fuimos retirando hasta el albergue. No recuerdo si cené aquella noche. Con el vinito dulce y todas las pastas que me había comido, con todo el azucar ingerido a pesar de la diabetes, debí sentirme empachado. El caso es que nos acostamos aquella noche satisfechos, al menos yo, por la tarde tan entretenida que habíamos pasado y la sorpresa que había acabado siendo aquella pequeña localidad. Cuando al medio día llegaba al pueblo no esperaba, ni remotamente, todo aquello tan agradable que nos había sucedido en tan pocas horas. Otra de las cosas buenas del Camino, que cuando menos te lo esperas, salta la liebre.
viernes, 1 de febrero de 2008
Celebración centenaria
Tras descansar un rato en el albergue, y saber por el hospitalero que aquel día Los Arcos estaba de celebración especial por un tema relacionado con la vendimia, nos encaminamos por el Portal de Castilla, el arco de la muralla, hacía la plaza y la iglesia de Santa María. Por fuera la iglesia, con sus recias y anodinas paredes, salvo por la entrada porticada, no hacía presagiar lo que nos ibamos a encontrar en su interior.
Nada mas entrar nos encontramos con una riqueza artística y arquitectónica fuera de lo común. De lo segundo, pronto nuestro amigo Rafa fue explicándonos los diferentes estilos que se conjugaban en aquella seo. Parte románica, parte gótica y finalmente barroco, todo se entremezclaba armoniosamente dándole al conjunto un toque acogedor. Admiramos el abigarrado retablo del Altar Mayor, el organo rococó, su imponente sillería arriba en el coro, donde había una pequeña exposición de elementos liturgicos de diferentes siglos, e incluso Esperanza y Javier tuvieron oportunidad de subir hasta el campanario.
Resultó que la celebración de aquel día correspondía a un tradición de quinientos años, que llevaba 50 sin producirse. Y precisamente aquel día, en el momento en que nosotros estabamos allí, volvía a reinstaurarse. Como dije, tenía que ver con el final de la vendimia, y se permitía a los habitantes de la localidad tocar las campanas de la iglesia. Esperanza que se apunta a un bombardeo, es machacona y cualquiera le dice que no, consiguió voltear las enormes campanas como si estuviera empadronada y sensada en el pueblo.
Ademas, Los Arcos, al igual que Viana y otras localidades de la zona, durante los siglos de la dominación musulmana había recibido de zonas de las dos Castilla, Andalucia y resto de territorios asolados por los moros, infinidad de reliquias con el fin de preservalos de las razias de las huestes sarrazenas, con lo que se conservaban en aquella iglesia mas de un centenar de ellas pues, trás la reconquista, varios siglos después, no las devolvieron, o nadie quedaba que pudiera reclamarlas.
Una de aquellas reliquias, tal vez la mas importante era un Lignus Crucis, una astilla de la cruz de Cristo. No entraremos a valorar la cantidades de cruces que podrían formarse juntando todos los lignus crucis que por el mundo están repartidos, todos con sus sellos de autencidad. Tal vez varias decenas de cruces. Lo importante es que allí estaba expuesto a la veneración de los fieles uno de ellos, y la Mayordomía de la Vera Cruz de Los Arcos, todos vestidos con su uniforme de gala, celebraba su día grande también aquella tarde, con una misa solemne, una procesión por el interior del Clausto y mas tarde con un vino de honor también en el claustro, gótico flamígero según apuntaba Rafa, el experto en Historia del arte.
Esperabamos el inicio de la misa, admirando los techos de madera y yeserías pintadas, atendiendo a las nunca pagadas explicaciones del almeriense, cuando vi al cura meterse en el confesionario. Tal y como me sucediera en la Catedral de Santiago, tal y como le aconteció a Saulo, mas tarde San Pablo, camino de Damasco, me vino en aquel momento la vena religiosa y sentí la necesidad de confesar todos mis pecados... pero todos, eh... y comulgar en la misa.
! "Puntos" que le dan a uno de cuando en cuando ¡ A todo esto... sin saberme la Salve despues de haber dispuesto de todo un año para aprendermela, desde aquella noche en que mis amigas Inma, Angustias y Mari habían tomado como suya la penitencia que me había impuesto el cura con prisas de la Catedral.
Nada mas entrar nos encontramos con una riqueza artística y arquitectónica fuera de lo común. De lo segundo, pronto nuestro amigo Rafa fue explicándonos los diferentes estilos que se conjugaban en aquella seo. Parte románica, parte gótica y finalmente barroco, todo se entremezclaba armoniosamente dándole al conjunto un toque acogedor. Admiramos el abigarrado retablo del Altar Mayor, el organo rococó, su imponente sillería arriba en el coro, donde había una pequeña exposición de elementos liturgicos de diferentes siglos, e incluso Esperanza y Javier tuvieron oportunidad de subir hasta el campanario.
Resultó que la celebración de aquel día correspondía a un tradición de quinientos años, que llevaba 50 sin producirse. Y precisamente aquel día, en el momento en que nosotros estabamos allí, volvía a reinstaurarse. Como dije, tenía que ver con el final de la vendimia, y se permitía a los habitantes de la localidad tocar las campanas de la iglesia. Esperanza que se apunta a un bombardeo, es machacona y cualquiera le dice que no, consiguió voltear las enormes campanas como si estuviera empadronada y sensada en el pueblo.
Ademas, Los Arcos, al igual que Viana y otras localidades de la zona, durante los siglos de la dominación musulmana había recibido de zonas de las dos Castilla, Andalucia y resto de territorios asolados por los moros, infinidad de reliquias con el fin de preservalos de las razias de las huestes sarrazenas, con lo que se conservaban en aquella iglesia mas de un centenar de ellas pues, trás la reconquista, varios siglos después, no las devolvieron, o nadie quedaba que pudiera reclamarlas.
Una de aquellas reliquias, tal vez la mas importante era un Lignus Crucis, una astilla de la cruz de Cristo. No entraremos a valorar la cantidades de cruces que podrían formarse juntando todos los lignus crucis que por el mundo están repartidos, todos con sus sellos de autencidad. Tal vez varias decenas de cruces. Lo importante es que allí estaba expuesto a la veneración de los fieles uno de ellos, y la Mayordomía de la Vera Cruz de Los Arcos, todos vestidos con su uniforme de gala, celebraba su día grande también aquella tarde, con una misa solemne, una procesión por el interior del Clausto y mas tarde con un vino de honor también en el claustro, gótico flamígero según apuntaba Rafa, el experto en Historia del arte.
Esperabamos el inicio de la misa, admirando los techos de madera y yeserías pintadas, atendiendo a las nunca pagadas explicaciones del almeriense, cuando vi al cura meterse en el confesionario. Tal y como me sucediera en la Catedral de Santiago, tal y como le aconteció a Saulo, mas tarde San Pablo, camino de Damasco, me vino en aquel momento la vena religiosa y sentí la necesidad de confesar todos mis pecados... pero todos, eh... y comulgar en la misa.
! "Puntos" que le dan a uno de cuando en cuando ¡ A todo esto... sin saberme la Salve despues de haber dispuesto de todo un año para aprendermela, desde aquella noche en que mis amigas Inma, Angustias y Mari habían tomado como suya la penitencia que me había impuesto el cura con prisas de la Catedral.
miércoles, 30 de enero de 2008
Buen plato de Borraja para comer
Entramos en los Arcos sobre las 2 de la tarde, y las primeras calles del pueblo, solitarias, tristes y desangeladas, con casas muy antiguas pero sin encanto, apiñadas unas a otras, no presagiaban nada bueno. En una esquina había un cartel de un estanco pero cuando me acerqué estaba cerrado. A esa hora ya me hubiera fumado un periódico enrollado, sin filtro ni nada. A medida que nos fuimos adentrando en la localidad, la cosa fue cambiando, y al menos la plaza de los Fueros y la proximidad de la iglesia, le daban otro aire, algo menos antiguo y destartalado. Javier recordaba un albergue al otro lado del rio Odrón, y hacia allí nos encaminamos a través de un arco en las murallas. Al cruzar el puente se abría una amplia zona despejada y luminosa por el sol. Además, el verde de los aledaños de las margenes del rio le daban un aspecto mucho mas agradable. Nos inscribimos, sellamos y pagamos el albergue y nos encaminamos hasta la habitación para cuatro que nos había correspondido, quedándose Rafa, el último en llegar, en otro cuarto. No pareció importarle, incluso creo que lo agradeció, ya que sintiendo próxima nuestra marcha, la del matrimonio vasco y la mía al día siguiente, debía estar pensando en encontrar nuevas amistades para hacer el resto del Camino.
Nos duchamos y cambiamos, y acto seguido fuimos a lavar a mano nuestra ropa. En el momento de escurrir las prendas encontramos una especie de rodillo a manivela que dejaba la ropa sin una gota de agua. Pero lo curioso de aquel artilugio era su marca, ! Marca Acme ! Como en los dibujos animados del Correcaminos.
Acto seguido, eran casi las tres, nos encaminamos hasta el Restaurante Roal, donde nos encontramos con un matrimonio zamorano, que nos explicaron sus peripecias para subir los Pirineos aquel día en que llovieron los 146 litros. Por sus comentarios aquello debió resultar dantesco, ya que el agua bajaba por el sendero en forma de riada, el barro hacia casi impracticable el terreno, y la cortina de agua que caía no dejaba ver a mas de 4 o 5 metros. Aquella gente hubo de desviarse hasta alcanzar la carretera de Valcarlos, llegar hasta el alto de Ibañeta y ya en asfalto poder llegar hasta Roncesvalles.
Una camarera muy joven y simpática nos ofreció el menú del peregrino, que aquel día consistía en Borraja, una especie de guiso con acelgas, judías pintas y patata que, por una vez, me comí con gusto. Tal vez en mi casa hubiera retirado las acelgas, que normalmente no me gustan, pero ese día me lo comí todo. Rafa por su parte eligió lentejas con chorizo, a las que condimentó con bastante vinagre, como se las hacía su madre en Almería. Y durante el resto de la comida nos fue dando una clase de cocinar esas legumbres, echando a faltar en su plato algún trozo de tocino y el hueso de jamón.
De ahí fuimos hasta el bar Ezequiel (tuve un emotivo recuerdo de la Pulpería Ezequiel de Melide... debió caerseme alguna lágrima solo de recordar aquel plato de pulpo con cachelos y el Riberiro en tazón) para tomar un café, y allí nos encontramos, como no podía faltar, con los dos matrimonios valencianos. Ellos acababan su periplo por el Camino aquel mismo día. Los maestros debían reincorporarse al trabajo pues las clases empezaban al lunes siguiente. Volvían en autobús hasta Pamplona donde habían dejado su coche, con lo que no volveríamos a ver esos ojos tan azules de Inma, una de las maestras valencianas. Tras el café nos despedimos de ellos, y nos encaminamos hasta el albergue para descansar un poco. Al menos yo, necesitaba un par de horas de reláx.
Nos duchamos y cambiamos, y acto seguido fuimos a lavar a mano nuestra ropa. En el momento de escurrir las prendas encontramos una especie de rodillo a manivela que dejaba la ropa sin una gota de agua. Pero lo curioso de aquel artilugio era su marca, ! Marca Acme ! Como en los dibujos animados del Correcaminos.
Acto seguido, eran casi las tres, nos encaminamos hasta el Restaurante Roal, donde nos encontramos con un matrimonio zamorano, que nos explicaron sus peripecias para subir los Pirineos aquel día en que llovieron los 146 litros. Por sus comentarios aquello debió resultar dantesco, ya que el agua bajaba por el sendero en forma de riada, el barro hacia casi impracticable el terreno, y la cortina de agua que caía no dejaba ver a mas de 4 o 5 metros. Aquella gente hubo de desviarse hasta alcanzar la carretera de Valcarlos, llegar hasta el alto de Ibañeta y ya en asfalto poder llegar hasta Roncesvalles.
Una camarera muy joven y simpática nos ofreció el menú del peregrino, que aquel día consistía en Borraja, una especie de guiso con acelgas, judías pintas y patata que, por una vez, me comí con gusto. Tal vez en mi casa hubiera retirado las acelgas, que normalmente no me gustan, pero ese día me lo comí todo. Rafa por su parte eligió lentejas con chorizo, a las que condimentó con bastante vinagre, como se las hacía su madre en Almería. Y durante el resto de la comida nos fue dando una clase de cocinar esas legumbres, echando a faltar en su plato algún trozo de tocino y el hueso de jamón.
De ahí fuimos hasta el bar Ezequiel (tuve un emotivo recuerdo de la Pulpería Ezequiel de Melide... debió caerseme alguna lágrima solo de recordar aquel plato de pulpo con cachelos y el Riberiro en tazón) para tomar un café, y allí nos encontramos, como no podía faltar, con los dos matrimonios valencianos. Ellos acababan su periplo por el Camino aquel mismo día. Los maestros debían reincorporarse al trabajo pues las clases empezaban al lunes siguiente. Volvían en autobús hasta Pamplona donde habían dejado su coche, con lo que no volveríamos a ver esos ojos tan azules de Inma, una de las maestras valencianas. Tras el café nos despedimos de ellos, y nos encaminamos hasta el albergue para descansar un poco. Al menos yo, necesitaba un par de horas de reláx.
martes, 29 de enero de 2008
Enorme bocata en Monjardín
Tras el vino, continuamos hasta el pueblo. Y en una de sus primeras calles vimos el Monasterio de Irache con su iglesia del siglo XIII, pero solo pudimos hacerlo por fuera, ya que estaba cerrado. Ahí fue donde mi cámara me dejó sin batería. Aun no sabía que podía utilizar pilas normales, eso no lo aprendería hasta el año siguiente, ya en Burgos. Así que guardé el aparato bastante cabreado por la imposibilidad de seguir tomando fotos de los sitios por los que pasaba. Si alguna foto tengo de días posteriores, se debieron a la cámara de Javier, que pasado un tiempo me las hizo llegar.
Con el Montejurra a la izquierda, y sus 1064 metros de altitud, recordándonos su pasado carlista y aquella famosa batalla ganada al ejercito de Amadeo de Saboya en Noviembre del año 1.873, continuamos por una pequeña zona boscosa que nos recordaba las primeras etapas. No solo por la frondosidad de sus arboles, sino por algunos portillos que nos encontramos en el sendero.
Con Villamayor de Monjardín ya a la vista, llegamos hasta el aljibe medieval o Fuente de los Moros, construido en el año 1.200, a los pies del Pico de Monjardín, un monte cónico que su cima tenía una ermita y las ruinas de un castillo que a todos nos sorprendió por lo complicado de su acceso y consiguiente dificultad para poder construir algo de aquel tamaño allá arriba.
Unos centenares de metros mas adelante, ya en las primeras calles de Villamayor, me separé de mi grupo de amigos. Por lo visto ninguno quería almorzar y preferían descansar en una extensa plaza. Yo por mi parte me dirigí hacia un albergue regentado por unos protestantes holandeses, en el que sin embargo fue una negra norteamericana la que me atendió en el pequeño bar. Pedí un bocadillo de jamón, pero la negrita me dijo que solo hacían un tipo de bocadillos, con lo que me conformé con lo que hubiera. El bocadillo tardó una exageración, pero cuando me lo pusieron delante, no tuve nada que objetar... bocadillo de tortilla a la francesa, con tomate y chorizo. Inmediatamente comencé a salivar. Uno de los bocadillos mas raros que me he comido en mi vida (Excepto los bocadillos de mejillones o berberechos en conserva de la mili) pero que a la vez mejor me sentaron. La única pega... que no vendían tabaco, con lo que me fumé el ultimo ducados.
Completamente reconfortado con el inesperado bocata, fumándome el filtro de mi cigarrillo, y habiendo hecho provisión de agua ya que no existían mas pueblos ni fuentes hasta 12 Kms. mas allá, hasta llegar a Los Arcos, continuamos por un larguísima recta flanqueada por viñedos.
Rafa pronto se fue quedando atrás, Javier y Miguel estaban enfrascados en una de sus conversaciones, con lo que vi la oportunidad de caminar en solitario durante un trecho, pero Esperanza me cogió por banda y empezó a explicarme alguna cosa. Me propuse despegarme de ella poniendo un ritmo muy fuerte en mis zancadas, pero no hubo manera. Para no venir entrenada, mi amiga seguía aquel ritmo, de aproximadamente 6 Kms a la hora, casi sin pestañear. El sol caía a plomo aquel medio día. Llevabamos casi 10 Kms. yo intentando dejar descolgada a Esperanza, ella siguiéndome como mi sombra y sin parar de hablarme. Entre viñedos la sombra brillaba por su ausencia. Y al final, el que desfalleció fui yo. Me vi rebasado por Miguel y Javier, luego por Esperanza, y menos mal que a Rafa le dolían las rodillas o también me hubiera dejado atrás. Al llegar a una pequeña pinada, nos detuvimos todos a descansar después de aquella especie de carrera tan tonta en la que nos habíamos metido todos. Faltaban un par de Kms. para nuestro final de etapa, pero yo estaba para el arrastre.
Con el Montejurra a la izquierda, y sus 1064 metros de altitud, recordándonos su pasado carlista y aquella famosa batalla ganada al ejercito de Amadeo de Saboya en Noviembre del año 1.873, continuamos por una pequeña zona boscosa que nos recordaba las primeras etapas. No solo por la frondosidad de sus arboles, sino por algunos portillos que nos encontramos en el sendero.
Con Villamayor de Monjardín ya a la vista, llegamos hasta el aljibe medieval o Fuente de los Moros, construido en el año 1.200, a los pies del Pico de Monjardín, un monte cónico que su cima tenía una ermita y las ruinas de un castillo que a todos nos sorprendió por lo complicado de su acceso y consiguiente dificultad para poder construir algo de aquel tamaño allá arriba.
Unos centenares de metros mas adelante, ya en las primeras calles de Villamayor, me separé de mi grupo de amigos. Por lo visto ninguno quería almorzar y preferían descansar en una extensa plaza. Yo por mi parte me dirigí hacia un albergue regentado por unos protestantes holandeses, en el que sin embargo fue una negra norteamericana la que me atendió en el pequeño bar. Pedí un bocadillo de jamón, pero la negrita me dijo que solo hacían un tipo de bocadillos, con lo que me conformé con lo que hubiera. El bocadillo tardó una exageración, pero cuando me lo pusieron delante, no tuve nada que objetar... bocadillo de tortilla a la francesa, con tomate y chorizo. Inmediatamente comencé a salivar. Uno de los bocadillos mas raros que me he comido en mi vida (Excepto los bocadillos de mejillones o berberechos en conserva de la mili) pero que a la vez mejor me sentaron. La única pega... que no vendían tabaco, con lo que me fumé el ultimo ducados.
Completamente reconfortado con el inesperado bocata, fumándome el filtro de mi cigarrillo, y habiendo hecho provisión de agua ya que no existían mas pueblos ni fuentes hasta 12 Kms. mas allá, hasta llegar a Los Arcos, continuamos por un larguísima recta flanqueada por viñedos.
Rafa pronto se fue quedando atrás, Javier y Miguel estaban enfrascados en una de sus conversaciones, con lo que vi la oportunidad de caminar en solitario durante un trecho, pero Esperanza me cogió por banda y empezó a explicarme alguna cosa. Me propuse despegarme de ella poniendo un ritmo muy fuerte en mis zancadas, pero no hubo manera. Para no venir entrenada, mi amiga seguía aquel ritmo, de aproximadamente 6 Kms a la hora, casi sin pestañear. El sol caía a plomo aquel medio día. Llevabamos casi 10 Kms. yo intentando dejar descolgada a Esperanza, ella siguiéndome como mi sombra y sin parar de hablarme. Entre viñedos la sombra brillaba por su ausencia. Y al final, el que desfalleció fui yo. Me vi rebasado por Miguel y Javier, luego por Esperanza, y menos mal que a Rafa le dolían las rodillas o también me hubiera dejado atrás. Al llegar a una pequeña pinada, nos detuvimos todos a descansar después de aquella especie de carrera tan tonta en la que nos habíamos metido todos. Faltaban un par de Kms. para nuestro final de etapa, pero yo estaba para el arrastre.
sábado, 26 de enero de 2008
Fuente de la que mana vino
Volviendo al tema del Asador Astariaga de Estella y a su camarero, simplemente decir que fue motivo de rechifla por parte de Rafa nada mas comentarlo a la peña. Cuando escribo estas lineas he recibido una llamada de Esperanza desde San Sebastian y al comentarle que precisamente estaba relatando en esos momentos aquel episodio, también se ha echado unas risas a nuestra costa.
Unos meses después, Javier me mandó una hoja del periodico El Correo Vasco, en el que venía una entrevista al matrimonio propietarios del asador. Hablaban de los riquisimos platos que preparaban, de su extensa carta de vinos, etc... pero ni una palabra del camarero. Mal rayo lo parta. Tuve que dar gracias a Dios de que no hubiera participado de la entrevista. Ese era capaz de contar que en cierta ocasión tuvo el honor de servir la cena a dos maricas, recién salidos del armario, y con pensamiento de ser los primeros hombres en casarse en la localidad... o ¿que sé yo...? Y menos mal que iba yo con Javier... imaginemos por un momento que yo hubiera ido solo, que el tipo se hubiera enamorado de mi... tenía yo la entrepierna para pocos flirteos... y ¿como hubiera acabado yo? Bastante jodido por delante... y luego mucho mas por detrás...
Una vez en el albergue, aquella noche, nada mas entrar, Javier se dió cuenta de que le faltaba el movíl. Palidecí. Pero menos mal que no se lo había dejado en el restaurante, sino que recordó haberlo dejado por la mañana sobre el cesped, en el momento de hacerle una foto a la fachada del Santo Sepulcro. Me pidió que permaneciera cerca de la puerta del albergue, por si el hospitalero cerraba con llave, y se encamino hasta el prado de la entrada del pueblo. Puede decirse que fue su dia de suerta pues allí estaba el dichoso teléfono, y por fin pudimos acostarnos, que no dormir, al menos yo, pues el cansancio y los dolores de piernas no me permitieron hacerlo.
Por la mañana me levanté como un zombie. Esta vez muy temprano y de noche, con la consiguiente alegría de Miguel que por fin veía cumplido un sueño. Tal era su estado de ánimo que me lo encontré en la puerta haciendo las paces con el hospitalero, que para mas "inri" era valenciano, un paisano prejubilado de Bancaja. Un tipo bastante serio en el desarrollo de su cometido, pero simpático cuando se le trataba mas ampliamente. Miguel y el hospitalero quedaron como buenos amigos una vez dadas las correspondientes explicaciones y disculpas.
Desayunamos cumplidamente en el comedor del albergue e inmediatamente iniciamos la marcha. Rafa estaba bastante recuperado e inició sus relatos de los skech de Faemino y Cansado y los mejores chistes de Gila.
A la salida de Estella me encontré con una de las peregrinas que consiguieron salir de Zubiri en auto stop. Era una "veterana" madrileña de unos cincuenta años, la superviviente del grupo pues sus compañeras habían regresado a sus lugares de origen, terminadas sus vacaciones. Charlé un rato con ella, justo hasta que llegamos a Ayegui, poblacion que casi podríamos decir que era una pedanía de Estella. Allí nos detuvimos a hacernos unas fotos frente a un monumento al peregrino, desde el que ya se divisaba el Monasterio de Irache a lo lejos.
Tras cruzar una peligrosa carretera y andar un corto trecho alcanzamos las Bodegas Irache, o lo que es lo mismo, la fuente de la que mana vino. Otro de los sitios significativos del Camino Francés, pues tienen esas bodegas, en su fachada, la particularidad de tener un grifo del que el caminante puede servirse vino de la tierra totalmente grátis. También hay una cámara web en una de las paredes, y desde Internet uno puede ver llegar a los peregrinos en tiempo real, y como se sirven, unos un vasito, otros con mas morro llenando botellas de litro y medio, pero todos y a pesar de la temprana hora a la que se llega al lugar, con las lagañas puestas y ya empinando el codo.
Unos meses después, Javier me mandó una hoja del periodico El Correo Vasco, en el que venía una entrevista al matrimonio propietarios del asador. Hablaban de los riquisimos platos que preparaban, de su extensa carta de vinos, etc... pero ni una palabra del camarero. Mal rayo lo parta. Tuve que dar gracias a Dios de que no hubiera participado de la entrevista. Ese era capaz de contar que en cierta ocasión tuvo el honor de servir la cena a dos maricas, recién salidos del armario, y con pensamiento de ser los primeros hombres en casarse en la localidad... o ¿que sé yo...? Y menos mal que iba yo con Javier... imaginemos por un momento que yo hubiera ido solo, que el tipo se hubiera enamorado de mi... tenía yo la entrepierna para pocos flirteos... y ¿como hubiera acabado yo? Bastante jodido por delante... y luego mucho mas por detrás...
Una vez en el albergue, aquella noche, nada mas entrar, Javier se dió cuenta de que le faltaba el movíl. Palidecí. Pero menos mal que no se lo había dejado en el restaurante, sino que recordó haberlo dejado por la mañana sobre el cesped, en el momento de hacerle una foto a la fachada del Santo Sepulcro. Me pidió que permaneciera cerca de la puerta del albergue, por si el hospitalero cerraba con llave, y se encamino hasta el prado de la entrada del pueblo. Puede decirse que fue su dia de suerta pues allí estaba el dichoso teléfono, y por fin pudimos acostarnos, que no dormir, al menos yo, pues el cansancio y los dolores de piernas no me permitieron hacerlo.
Por la mañana me levanté como un zombie. Esta vez muy temprano y de noche, con la consiguiente alegría de Miguel que por fin veía cumplido un sueño. Tal era su estado de ánimo que me lo encontré en la puerta haciendo las paces con el hospitalero, que para mas "inri" era valenciano, un paisano prejubilado de Bancaja. Un tipo bastante serio en el desarrollo de su cometido, pero simpático cuando se le trataba mas ampliamente. Miguel y el hospitalero quedaron como buenos amigos una vez dadas las correspondientes explicaciones y disculpas.
Desayunamos cumplidamente en el comedor del albergue e inmediatamente iniciamos la marcha. Rafa estaba bastante recuperado e inició sus relatos de los skech de Faemino y Cansado y los mejores chistes de Gila.
A la salida de Estella me encontré con una de las peregrinas que consiguieron salir de Zubiri en auto stop. Era una "veterana" madrileña de unos cincuenta años, la superviviente del grupo pues sus compañeras habían regresado a sus lugares de origen, terminadas sus vacaciones. Charlé un rato con ella, justo hasta que llegamos a Ayegui, poblacion que casi podríamos decir que era una pedanía de Estella. Allí nos detuvimos a hacernos unas fotos frente a un monumento al peregrino, desde el que ya se divisaba el Monasterio de Irache a lo lejos.
Tras cruzar una peligrosa carretera y andar un corto trecho alcanzamos las Bodegas Irache, o lo que es lo mismo, la fuente de la que mana vino. Otro de los sitios significativos del Camino Francés, pues tienen esas bodegas, en su fachada, la particularidad de tener un grifo del que el caminante puede servirse vino de la tierra totalmente grátis. También hay una cámara web en una de las paredes, y desde Internet uno puede ver llegar a los peregrinos en tiempo real, y como se sirven, unos un vasito, otros con mas morro llenando botellas de litro y medio, pero todos y a pesar de la temprana hora a la que se llega al lugar, con las lagañas puestas y ya empinando el codo.
viernes, 25 de enero de 2008
Camarero confuso
De la visita turística que tan malos recuerdos me trae, solo de pensarlo me entran picores en las zonas nobles, decir que Rafa no nos acompañó. El almeriense prefirió descansar sus rodillas y se quedó chafardeando con la gente del albergue. Esperanza, si bien hizo el primer tramo de la visita, al cabo de una hora tuvo bastante, y se retiró también al albergue para reposar.
La Rúa, calle donde estaba situado el albergue, tenía sabor y aspecto medieval, con varias casonas renacentistas. Plateresca era la actual Casa de Cultura antes Palacio de los San Cristobal, o el bellísimo Palacio de los Reyes de Navarra, hoy museo de arte. Al otro lado, y al final de unas empinadas y larguísimas escaleras, la iglesia del siglo XIII de San Pedro de la Rúa.
Miguel, Javier y yo, por el Puente del Azucarero pasamos al otro lado de la ciudad y visitamos la iglesia de San Miguel de portada románica tardía, según rezaba mi guía.
En una bonita pastelería de la calle Mayor, tomamos un café que acompañamos de unas tejas muy dulces y con mucha canela... a la mierda el régimen de la diabetes...
Allí nos separamos los tres. Yo quería comprar algún décimo de lotería de Navidad (no tocó, ... como siempre) y se me hacía perentoria la reparación de la entrepierna como ya relaté ayer.
Quedamos en reunirnos de nuevo a la hora de la cena en la Plaza de los Chorros, lo que me hacía tener que volver hasta las proximidades del albergue. Cuando llegó la hora señalada, solo Javier apareció. Una nueva deserción, esta vez el valenciano que prefería cenar fruta acostado en su cama y descansando. Por cierto que Miguel tuvo sus mas y sus menos con el hospitalero de noche, una discución por no sé que motivo.
Elegimos el Asador Astariaga, de nuevo en la plaza de los Fueros, un local con muy buen aspecto y un comedor bastante amplio, donde coincidimos una noche mas con los dos matrimonio valencianos y por tanto con la rubia Inma y sus magníficos ojos azules que me tenían cautivado. El menú del peregrino consistió en un pisto, una rotunda rodaja de atún fresco y pastel de arándanos de postre. Pero lo mejor de la noche fue que el camarero, un tipo regordete, calvo y sonrosado, con "mas pluma" que una vedette, nos tomó a Javier y a mi, por "pareja de hecho". Unico camarero, tenía el restaurante de bote en bote, pero solo se dedicaba a nuestra mesa, y solícito no paraba de llamarnos "parejita", confundiéndonos con lo que, desde luego, no eramos.
Cree el ladrón, en este caso el maricón, que todos son de su condición. El caso es que salimos de allí escopetados por la hora de cierre del albergue, y yo bastante mosqueado. Sin duda estaba cansado y agotado, sin fuerzas para haber reaccionado como suelo, y haberle dado una colleja a aquel confundido camarero de Estella.
La Rúa, calle donde estaba situado el albergue, tenía sabor y aspecto medieval, con varias casonas renacentistas. Plateresca era la actual Casa de Cultura antes Palacio de los San Cristobal, o el bellísimo Palacio de los Reyes de Navarra, hoy museo de arte. Al otro lado, y al final de unas empinadas y larguísimas escaleras, la iglesia del siglo XIII de San Pedro de la Rúa.
Miguel, Javier y yo, por el Puente del Azucarero pasamos al otro lado de la ciudad y visitamos la iglesia de San Miguel de portada románica tardía, según rezaba mi guía.
En una bonita pastelería de la calle Mayor, tomamos un café que acompañamos de unas tejas muy dulces y con mucha canela... a la mierda el régimen de la diabetes...
Allí nos separamos los tres. Yo quería comprar algún décimo de lotería de Navidad (no tocó, ... como siempre) y se me hacía perentoria la reparación de la entrepierna como ya relaté ayer.
Quedamos en reunirnos de nuevo a la hora de la cena en la Plaza de los Chorros, lo que me hacía tener que volver hasta las proximidades del albergue. Cuando llegó la hora señalada, solo Javier apareció. Una nueva deserción, esta vez el valenciano que prefería cenar fruta acostado en su cama y descansando. Por cierto que Miguel tuvo sus mas y sus menos con el hospitalero de noche, una discución por no sé que motivo.
Elegimos el Asador Astariaga, de nuevo en la plaza de los Fueros, un local con muy buen aspecto y un comedor bastante amplio, donde coincidimos una noche mas con los dos matrimonio valencianos y por tanto con la rubia Inma y sus magníficos ojos azules que me tenían cautivado. El menú del peregrino consistió en un pisto, una rotunda rodaja de atún fresco y pastel de arándanos de postre. Pero lo mejor de la noche fue que el camarero, un tipo regordete, calvo y sonrosado, con "mas pluma" que una vedette, nos tomó a Javier y a mi, por "pareja de hecho". Unico camarero, tenía el restaurante de bote en bote, pero solo se dedicaba a nuestra mesa, y solícito no paraba de llamarnos "parejita", confundiéndonos con lo que, desde luego, no eramos.
Cree el ladrón, en este caso el maricón, que todos son de su condición. El caso es que salimos de allí escopetados por la hora de cierre del albergue, y yo bastante mosqueado. Sin duda estaba cansado y agotado, sin fuerzas para haber reaccionado como suelo, y haberle dado una colleja a aquel confundido camarero de Estella.
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