domingo, 31 de agosto de 2008

The last shadow puppets

Curioso grupo, que intentan darse un look a lo Beatles. La balada sin ser nada del otro mundo se deja oir y su ritmo llega a ser agradable... igual que sucedía con el mítico grupo de Liverpool.

STANDING NEXT TO ME

sábado, 30 de agosto de 2008

El asombroso viaje de Pomponio Flato

Nuevo libro salido recientemente, en este año 2.008, del escritor barcelonés Eduardo Mendoza, que se está especializando en novela cortas y desenfadadas. En esta, de solo 174 paginas, nos presenta a un caballero romano, de origen patricio y de la Orden Ecuestre, como no se cansa de proclamar nuestro protagonista intentando darse pisto y recobrar su lustre perdido, caído en desgracia desde hace tiempo por su impulso natural de apoyar siempre al perdedor en cualquier ámbito de la vida, ya sea política, guerra o cualquier simple banalidad. Y que además le empuja inexorablemente a emprender ridículas y peregrinas aventuras que no siempre acaban bien, como en la actualidad en que habiendo viajado a Oriente a la búsqueda de un río cuyas aguas se dicen milagrosas, han obrado en él, mas que milagros, unos molestos, ruidosos y maloliente efectos secundarios. De esta guisa, enfermo y sin dinero, acaba uniéndose a un Tribuno romano en misión por Galilea, llegando a Nazaret cuando los sacerdotes del Sanedrín juzgan por asesinato al carpintero del pueblo, de nombre José, y cuyo hijo, un muchachito de apenas 12 o 13 años llamado Jesús, encarga a nuestro pomposo protagonista una investigación con la idea de exonerar a su inocente padre. Mas que encargo es un auténtico marrón, rozando casi el chantaje... pero así es el niño... un tanto particular.
Con estas premisas el libro va desgranando las pesquisas del infortunado romano que, con mas pena que gloria, avanza en la investigación topándose con movimientos nacionalistas revolucionarios, tramas inmobiliarias, cabezotas judíos recalcitrantes en sus convicciones y costumbres, siempre a la búsqueda de su Mesías, y también con un buen numero de personajes que a todos nos sonarán y nos serán familiares.
El humor es la clave en esta obra, con lo absurdo de las situaciones que se plantean, y lo que hace diferente a este es la ocurrencia de su autor en situar una acción de suspense y misterio, casi policíaca si el protagonista no fueran tan patán, en plenos albores del Siglo I.
Sale airoso Mendoza, con un libro desprovisto de la petulancia, sin ningún intento de parecer importante como se dan otros autores, y esta misma falta de seriedad, esta comicidad hacen de él un entretenido pasatiempo, con una lectura agradable y muy simpática que mueve muchas veces a la sonrisa, y que por su corto contenido se lee facilmente en solo un par de días. Ideal para pasar el verano con una simpática lectura.

viernes, 29 de agosto de 2008

!! Peligro, Chinches ¡¡

El Monasterio de San Zoilo, imponente pero cerrado a aquella hora de la tarde, como suele ser habitual, solo nos permitió fotografiarlo por fuera. Y fue cuando reiniciábamos el camino de vuelta cuando me fijé en que las piernas de Javier ofrecían un curioso aspecto, con algunas ronchitas rojas que, aquí y allá, surcaban su piel, y dí la voz de alarma. Esperanza fue la primera en dar con el nombre del problema... !! Las chinches habían picado a Javier ¡¡ El drama que se originó a continuación es difícil de explicar. Solo había que ver el rostro compungido de este hombretón de mas de 50 años, a punto de soltar la lágrima, preguntándose como había podido suceder tal desastre. Las conjeturas de donde había sucedido el desaguisado, dieron paso al qué hacer en estos casos, y luego a qué podría curar aquellas feas señales. La visita turística había acabado abruptamente. Javier marchó corriendo hacia el albergue para revisar sus ropas, por si los "huéspedes" aún seguían entre nosotros, mientras que Esperanza corría en busca de una farmacia donde comprar algún medicamento o ungüento que calmara el escozor que se le había declarado a su marido nada mas verse las piernas. Yo quedé encargado de comprar algunas vituallas para la cena, que realizaríamos en el albergue, y al hacerlo, en el super, encontré unas plantillas para zapatos que aunque finas y poco consistentes podrían aliviar mis doloridos pies en las cochambrosas botas.
Me entretuve mas de la cuenta sacando numerosas fotografías, y al regresar a las inmediaciones del albergue entré en Santa María del Camino para una visita de su interior, pero la misa que se estaba celebrando en esos momentos me impidió moverme a mis anchas. Tras una rápida ojeada al conjunto y una breve plegaria, me encontré en mi paseo de regreso con una antigua casa en la que en una placa se indicaba que era el lugar de nacimiento de Don Iñigo Lopez de Mendoza, el famoso Marqués de Santillana, escritor y poeta del siglo XV autor de las "Serranillas".
Volví al albergue donde no encontré al matrimonio vasco, pero aproveché el tiempo para recoger nuestras ropas tendidas y ya secas, así como en tomar algunas notas para mi diario sentado en la terraza junto a otros peregrinos. También noté que en nuestro cuarto nos había tocado con un numeroso grupo de jóvenes gallegos. Aquello era una auténtica novedad, e íbamos a dormir con personal nacional otra vez, cosa que no sucedía desde hacía mucho tiempo. A las ocho y media volvieron los vascos, que habían aplicado una pomada a las picaduras, habían encerrado toda la ropa de Javier en bolsas, ropas que no pensaba volver a usar en adelante, y se habían ido a misa, precisamente a la iglesia que yo había visitado sin verlos. Javier pensaba que las chinches habían hecho su agosto con él en el albergue de Boadilla, en aquel corralón en que habíamos dormido, y recordaba que durante la noche había buscado una manta para cubrirse con ella. Lo curioso es que los tres habíamos dormido en el mismo sitio, que los tres lo hacíamos dentro de nuestros casi herméticos sacos de dormir, y solo a él habían picado los molestos bichos. ¿Acaso la piel de los vascos es de mejor calidad que la de los levantinos? ¿Acaso el ADN y el RH vascos son especiales como propugnaba el Leendakari Arzalluz hace años?... ! Pues será eso... ¡
Durante la cena, que consistió en bocadillos de jamón serrano con el ya archiconocido queso de Esperanza que al fin pudimos acabar, observamos en una abarrotada y concurrida mesa vecina como un brasileño, veterano pero con un punto aún seductor, vacilaba a unas alemanas echando un pulso con ellas. Hacía como que se dejaba ganar, aunque un par de ellas podían perfectamente haberlo descoyuntado si se lo hubieran propuesto a tenor de las dimensiones que tenían las muy condenadas. También la monja hospitalera se acercó hasta nuestra mesa y nos hizo un comentario sobre la etapa del día siguiente, diciéndonos que a la mitad de la famosa recta de 18 Kms. hasta Calzadilla un avispado había instalado una especie de bar y que el recorrido ya no era tan atroz como siempre se había dicho. Le señalamos que el hospitalero de Boadilla nos había dicho todo lo contrario, con lo que ella viendo que poníamos en duda su palabra... palabra de Dios, pues ella era monja... y de las serias, perdió todo interés en nosotros y se fue... supongo que a echar pulsos con el brasileño.
Seguimos de tertulia un rato mas y al punto los vascos, algo desmoralizados aún por el tema de las chinches, se fueron despidiendo para retirarse a dormir. Yo aún salí fuera del albergue para fumarme un pitillito donde me encontré con el ciclista francés de Saint Jean Pied-de-Port, descubriendo que aunque esa población al pie de los Pirineos navarros y punto de partida en el Camino de la mayoría de extranjeros y de muchos españoles, a pesar de la distancia que les separa de las vascongadas, se sienten indentificados con el entorno abertzale, de ahí que pudiera entenderse perfectamente en vasco con Javier. Y como "nunca te acostarás sin saber una cosa mas", una vez adquirida esa pequeña porción de culturilla general y con el deber cumplido, yo también enfilé de nuevo las escaleras subiendo con el canto de los pies por no molestar a mis dormidas ampollas, me aseé en el baño, recogí algunas cosas en la mochila, me puse los tapones de cera y maldiciendo a todas las chinches que pudieran existir entre Burgos y León, me dormí como un bendito, aunque durante la noche los dolores de piernas me dieron algún que otro disgusto.

jueves, 28 de agosto de 2008

Carrión de los Condes

La una del medio día, un sol inclemente, un sendero polvoriento y pedregoso, un terreno árido sin un solo árbol en todo lo que abarcaba la vista que diera un minimo de sombra y aún varios kilómetros por recorrer hasta alcanzar nuestro final de etapa. Fue una hora de duro caminar, ya que las fuerzas empezaban a ser escasas, y solo pudimos entretenernos cronometrando nuestros pasos gracias a unos mojones kilométricos que junto a la carretera iban desgranando los numeros, y controlando los relojes vimos que nuestra regular marcha iba realizándose a un ritmo de 12-13 minutos por Km.
Poco después de las dos de la tarde un enorme mural decoraba el muro de la ermita de la Piedad, representando un colorista Pantocrator que nos daba la bienvenida en la primera calle de Carrión. Poco mas allá, al final de otra de las calles vimos, de lejos, el Convento de Santa Clara donde sabíamos existía un albergue llevado por la monjas clarisas, pero continuamos puesto que se encontraba demasiado alejado del centro de la ciudad. Unos centenares de metros adelante llegamos hasta una gran avenida donde unos restos de una antigua muralla, de la que sobresalía una especie de torreón en el que hondeaba una enorme bandera con la cruz de la orden templaria, nos indicaba que andamos cerca del centro histórico de la población. Y por fin en una callejuela junto a la plaza de Santa María, llegamos hasta el que mas nos convenía, el albergue parroquial, donde una monja argentina, de pelo corto y canoso y vestida de manera informal nos dió la bienvenida indicándonos los servicios y precios de que constaba el lugar, selló nuestras credenciales y antes de llevarnos a nuestras camas nos informó de las reglas del lugar. Tras la "lectura de cartilla" subimos dificultosamente hasta el primer piso, donde tomamos posesión de nuestras respectivas camas, liberando nuestras doloridas espaldas del molesto peso de las mochilas, los pies de las aprisionantes y recalentadas botas, y el resto del cuerpo de las sudadas prendas que llevábamos. Rápidamente a los aseos para, tras una pequeña cola en la que Javier hizo migas en euskera con un joven ciclista vasco francés de Saint Jean Pied-de-Port, para por fin darnos la reparadora ducha por la que habíamos suspirado durante 25 Kms.
Pareciera como que por el sumidero del plato de ducha, ademas del agua jabonosa, corriera todo el cansancio acumulado a lo largo de la jornada, así como los malos pensamientos, los momentos duros vividos durante la etapa y todo el mal rollo que ocasionan momentos puntuales del día. Revitalizados, pero no nutridos, optamos por no lavar la ropa hasta la tarde y salir a buscar restaurante donde comer y beber algo bien fresco. Lo encontramos en un establecimiento llamado La Corte, que estaba justo enfrente de la bonita iglesia de Santa María del Camino, románica del siglo XII. Pero dejando la visita para mas tarde, preferimos emprenderla con una arroz blanco marinera, con algunos mejillones, almejas y trozos de pescado; y de segundo un bacalao con tomate, para rematar con un buen helado de vainilla y un café.
Reconstituidos mente, cuerpo y sobre todo estomago, faltaba el alma. Y que mejor que la famosa iglesia por la que habíamos pasado ya dos veces sin detenernos. Solo pudimos en esta primera visita admirar su portico lateral, que con unos grandes arbotante le daban un aspecto recio y porticado. En su friso y arquivoltas infinidad de pequeñas esculturas del viaje de los Reyes Magos, de la Epifanía, de los ancianos del Apocalipsis y otros relacionados con el Tributo de las Cien Doncellas.
Regresamos al albergue, donde pusimos una lavadora con nuestras ropas y yo intenté utilizar mi movil, que aún enchufado directamente a la red me daba problemas para poder establecer comunicación con MD. Entré en cólera con el asunto del móvil y cuando salimos de nuevo para la visita turística al resto del pueblo, llevaba la determinación de que si encontraba alguna tienda de teléfonos, compraría uno nuevo para acabar con el problema... A grandes males, grandes remedios. Por cierto... no he hablado de mis ampollas... Estas estaban bien, en su maximo esplendor, pero no me dolían salvo cuando pisaba alguna piedra, y eso ya sería de nuevo a la mañana siguiente.
Nos detuvimos en un bar para tomar unas coca colas y charlamos con el dueño y los paisanos del lugar que nos contaron que ciertas infraestructuras prometidas por el gobierno en cuanto a carreteras y mejores comunicaciones nunca llegaban, y cosas por el estilo. Cruzamos la calle para visitar la Iglesia de Santiago, de magnífica fachada, pero cerrada al culto y reconvertida en sala de exposiciones de arte religioso, la cual visitamos larga y detenidamente.
Luego hasta el puente sobre el rio Carrión, que daba nombre al pueblo. Lo de los Condes, viene dado porque era el pueblo de dos condes que casaron con las hijas del Cid, para mas tarde ambos traicionar al Campeador lastimosamente. Desde el rio, que llevaba abundante agua, podía verse dominando el lugar, el Santuario de la Virgen de Belén, y se adivinaba entre los altos sauces que crecían en las margenes del Carrión los edificios del majestuoso Monasterio de San Zoilo y del hotel de lujo que se construyo al lado. Hacia allí nos dirigimos dando un paseo por un agradable paseo arbolado.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Necesaria aclaración

Espero que el final de la entrada de ayer, en un excusado sin agua ni papel, no haya provocado el espanto de mis pocos lectores (si es que aun queda alguno por ahí). Confío en que el mito en que me he convertido, que he forjado a lo largo de tantas paginas, aún se mantenga en pie, ya que solo fue un intento de incluir suspense y el punto de drama oportuno que requería el relato. Solo una licencia literaria. La cosa no fue para tanto, pues, yo hombre cabal donde los haya, es posible que hubiera cometido el error de partir a esta aventura sin reparar en el estado de mis botas, es posible también que no cuidara con esmero mi propia salud ingiriendo sucesivamente dudosos zumos de naranja, agua de fuentes algo insalubres, recalentados quesos vascos indebidamente conservados o pequeñas barritas de muesli con las mismas horas de sol a cuestas que nuestras propias cabezas. Pero, como decía, una mente preclara, organizativa y previsora como la mía no podía haber pasado por alto el llevar un rollo de papel higiénico para estos casos, con lo que, desde luego con algo de problema pues no había tenido necesidad de él desde 2.004 y se deshacía en mis manos con demasiada facilidad, haciéndome recordar con no poca nostalgia el stock del Elefante de la Tia María de Castrojeriz. Pero no quepa ninguna duda, querido lector, que salí airoso, como salvo en honrosas excepciones es habitual en mi.
Salí pues de aquel horrible lugar, entré en el aseo de señoras, que sí disponía de agua, me lavé y con un ultimo rictus de asco y repelus por el mal rato pasado me uní a mis compañeros que andaban enfrascados con una paisana, un tanto extraña, que insistía en que la acompañáramos a hacer una visita turística a la cercana Iglesia de San Martín de Tours, (demasiado nombre para lo que era aquello) y nos vimos metidos de lleno en el negocio de "tours operator" que tenía montado la arpía aquella con los ingenuos peregrinos a los que se les ocurría detenerse en aquel aborrecible pueblo. La visita fue corta pues la cosa no daba para mucho. La propina de tres euros demasiado generosa a mi entender, y recomendándole que cuidara su prosa por el bien del "bussines" que iniciaba, ya que palabras como "poblema", "ritablo" o "istranjeros" no eran propios de una guía turística, y sobre todo, lo mas importante, que debía quitarse el sucio delantal que portaba y esconder mejor la escoba y el recogedor, pues denotaba a la legua que era la mujer de la limpieza de la parroquia y eso no daba buena imagen, tras lo cual nos fuimos a seguir nuestra caminata.
Una hora después alcanzábamos Villalcázar de Sirga devolviéndole al camino todo el esplendor y la grandeza que le correspondía, ya que con su magnifica e inmensa Catedral templaria volvía el Románico y la Historia con raciones de la mayor calidad. Santa María la Real nos tuvo extasiados durante mas de una hora contemplando y escuchando las explicaciones de un joven guía, por cierto veraneante en Torrevieja y Benidorm, que nos fue enumerando e indicando los diferentes sepulcros de reyes en piedra policromada que allí se conservaban, didácticas informaciones sobre los numerosos retablos de los altares y capillas, y sobre todo en la de Santiago, donde pudimos admirar la talla de madera de Santa María la Blanca, imagen que inspiró al rey Alfonso X El Sabio las famosas Cánticas a Santa María, y que estudiábamos en el colegio cuando eramos pequeños. Habíamos tenido suerte ya que, según nos informó, la imagen había vuelto hacía muy poco de una exposición en Milán donde había permanecido varios meses.
Algo mosqueado pues las pilas de mi cámara se agotaron en el momento menos propicio, no tuve mas solución que comprar el libro de la iglesia dejándome allí unos 10 €. Es lo que tiene la tecnología digital, que cuando mas la necesita te deja tirado.
Bastante tarde según el horario previsto salimos de aquella localidad con la seguridad de que habíamos pasado por otro de los lugares emblemáticos del francés, y de nuevo al árido y sofocante paisaje para acabar cuanto antes aquella etapa de 25 Kms. que nos había ofrecido dos incomparables joyas arquitectónicas con la única nota discordante de aquel aseo infecto.

martes, 26 de agosto de 2008

Tierra de pan y agua llevar

Tras el café del Manolo, solo tuvimos que andar cien metros para encontrarnos con la famosa iglesia de San Martín del Camino. Fue realmente espectacular contemplar aquella joya del románico español, mandada construir en 1.066 por la viuda de Sancho el Mayor de Navarra y varias veces restaurada muy pulcramente. El sol iluminaba timidamente los tres maravillosos absides circulares, y con aquella especial iluminación a hora temprana, y con la tranquilidad y paz que había en la zona sin prácticamente nadie a nuestro alrededor, tuvimos la oportunidad de recrearnos en la contemplación de la obra de arte. Lastima que la iglesia estuviera cerrada y no pudiéramos admirar su interior, pero nos contentamos con observar sus mas de 300 canecillos, pequeñas esculturas de piedra que suelen representar bestiarios y otras figuras, que jalonaban todo el perímetros de sus fachadas. San Martín es otro de los hitos importantes del camino francés, y los tres vivimos especialmente aquel momento, conocedores de que estábamos en un punto importante de nuestra ruta y lo disfrutamos como correspondía, casi como una experiencia religiosa, tal y como dice la canción.
Aún tuvimos tiempo de acercarnos hasta otra de las iglesias de Fromista, la de San Pedro, donde la batería de mi cámara, solidarizándose con la del móvil, empezó a dar muestras de agotamiento, lo que supuso un trastorno tremendo ya que debería en adelante utilizar pilas convencionales con el problema de que no podría sacar mas de 10 o 12 fotos sin tener que cambiarlas.
Frómista puede considerarse una de las poblaciones importantes del tramo entre Burgos y León, con muchas cosas que ver y disfrutar, y suele ser un lógico final de etapa. Pero nosotros, con los días muy limitados, debíamos ir adelantando etapas a destajo. Hubiera sido genial poder parar en aquella pequeña ciudad y visitarla con detenimiento, pero no podía ser, con lo que tras sellar las credenciales en una oficina de Información y Turismo iniciamos la salida del pueblo por un tramo de autovía en obras y pronto nos encontramos en los típicos andaderos de la zona que nos llevaban en paralelo a la carretera. Aburrido por la monotonía de los paisajes, que en lugar de vegetación nos ofrecía coches que pasaban a una decena de metros, pero por otro lado discurríamos por terrenos completamente llanos y sin subidas desagradables.
El refranero popular es muy sabio, y para la zona por la que nos movíamos en aquellos momentos, y los siguientes días, era Tierra de pan y agua llevar. Pero nosotros, mas de ciudad, no hicimos caso pensando que encontraríamos algún bar donde aprovisionarnos o almorzar. Craso error, ya que los pueblos fueron pasando lentamente, Población de Campos, Villovieco, cruce de Arconada, Revenga de Campos... y en ninguno encontramos ni tan siquiera una triste tienda, super, panadería o simple bar. Increíble pero cierto, y si no es por unas barritas energéticas y media bolsita de frutos secos que Esperanza llevaba en esa inacabable mochila, nos hubiéramos tenido que conformar con alimentarnos del cálido aire que nos acompañaba. Empecé a reconciliarme con "Manolo" el del bar de Frómista, y si bien recordaba que el billete de lotería no me sacaría de ningún apuro, al mismo tiempo rememoraba la suculenta tortilla de patata que descansaba sobre su mostrador y a la que no le habíamos dado en su momento la importancia debida.
Paisajes anodinos, andadero cerca de la carretera totalmente llano pero lleno de piedras, solo roto cada pocos kilómetros por unos pilones con señales Jacobeas, nada de sombra y para completar el mal panorama, el zumo de naranja del desayuno, el café de Monolo, tal vez las barritas energéticas, con seguridad todo ello junto, andaba empujando con fuerza, con ánimos de salir cuanto antes. Fue un muy mal trance, pues tenía el siguiente pueblo a casi 3 Kms. Nada a mi alrededor para cobijarme y evitar que mi culo fuera visto por decenas de peregrinos y cientos de automovilistas. De como conseguí llegar indemne y con los pantalones limpios hasta Villarmentero de Campos y encontrar una especie de bar en una caseta prefabricada, solo el Apóstol lo sabe... pero llegué, para encontrarme con el aseo y la taza de water mas cochambrosa de los 800 Kms del Camino Francés, y dejo foto para constancia. Pero no estaba yo en situación de ser remilgoso y haciendo de tripas corazón, tomé posesión de aquel reducido espacio en dura pugna con las moscas, la mugre y el asco. Por cierto, no había agua... ni por supuesto papel.